El otro viaje

 

El otro viaje

Hice un hermoso viaje familiar, y nos miré todo lo que pude, nos escuché, nos sentí. 

Fue muy revelador notar que sufrimos las mismas enfermedades, tenemos los mismos dolores, las mismas dificultades para comunicarnos, los mismos enojos, las mismas soberbias, las mismas inseguridades. 

El mismo dolor. Las mismas sombras. Y el mismo amor. 

Nuestra forma de amar es parecida, es estar para el otro, es pensar en el otro, es compartir y reír con el otro, aunque a veces no tengamos ganas. 

Es ser pacientes cuando no tenemos ganas de esperar. Es callar cuando queremos gritar. Es hacer cuando no queremos hacer (o no). 

Es confiar. Es pedir y es dar. Es reír a carcajadas y armar una historia completa de una pavada. 

Es estar en silencio, es despertarse temprano y dejar que los demás sigan durmiendo. 

Preparar los distintos desayunos para que todos puedan disfrutar, en su momento. 

Es acompañar. Es aplaudir y festejar. Es agradecer. Es no exigir, pero sí pedir. 

Es encontrar una silla para que todos podamos estar cómodos, o sentarse en la escalera y hacer un pasamanos de platos. 

Es hacer el fuego y preparar la comida. 

Es ir a comprar tres veces porque siempre falta algo. 

Es pintar una piedra con una sonrisa enorme. Es poner paños fríos cuando las cosas arden. Es caminar con dolor para poder compartir los momentos.  

Es escuchar esa música que no te gusta. 

Y es la mezcla de las cosas, las diferencias en las formas de amar se vuelven discusiones sin sentido en las que nadie escucha a nadie.  

El silencio se transforma en enojo. Pensar en el otro se transforma en frustración, porque el otro no valora lo que yo le estoy dando. 

Es también el chiste que esconde juicios. 

Todos necesitamos amor….aunque no lo digamos ni sepamos cómo pedirlo. 

A veces lo pedimos con enojos, insultos, ofensas, llanto, indiferencia, quejas, protestas, reclamos… 

Necesitamos ser reconocidos por nuestra tribu, sentirnos parte de nuestra familia, de nuestro linaje. 

Muchas veces de manera inconsciente (o no) rechazamos ese linaje. 

Pero al darnos cuenta de que somos parte y a la vez somos el todo, sentimos ese alivio en el alma al dejar de luchar y aceptar, que todo, la luz y la sombra, somos nosotros. 

Nos deseo muchos viajes en familia para que podamos mirarnos a través de sus ojos y amarnos compasivamente, con la seguridad que nos da la familia, que nos ama y a la que amamos, a pesar de (y por) todo.

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