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Mostrando las entradas de junio, 2026

El baile

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  La música me llevó con vos, adonde casi siempre nos encontrábamos. Un baile, una mirada cómplice, los pasos de siempre. Es increíble que tanto tiempo después, tantos bailes después, siguiéramos moviéndonos igual. Las mismas vueltas, los mismos movimientos. Con otros cuerpos por supuesto, más lentos, más pesados, más distantes. Y dejé que ocurra. Al principio me resistí, me dio bronca bailar con vos ahora. ¿Por qué mi mente y mi alma quieren hacerlo? No tiene sentido, ya no tenemos esa mirada cómplice ni nos miramos siquiera, ya no bailamos desde hace mucho. Y la verdad, prefiero no hacerlo. Pero ahí estábamos, disfrutando la pista iluminada mientras el entorno estaba oscuro. Me gustó, la verdad, cuando decidí permitirlo. Vos no me decías nada, sólo me sonreías y eso me exasperaba. Me entregué a la danza imperfecta y suave que nuestras almas tenían ganas de expresar. Al menos la mía. Y en el medio del llanto de repente apareció otro, no cualquiera, mi hermano. Él también son...

Corazón descongelado

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En el fondo de la casa me esperaste, en las plantas del antiguo jardín de en frente me enterraste. Me doliste, con vos me fui varias veces sin saberlo, y tardé en volver una vida, la mía. Así te veo, un ángel negro con alas azules y cara de miedo. Así me veo, un gusano de tierra con patas traseras y corazón de piedra ¿Qué te llevaste? ¿Qué me robaste? ¿Qué me quedó? El aire, las nubes, el agua, la tierra, el fuego. Una brisa apenas, un sol cubierto, agua tibia y salada, barro en los pies, una cerilla húmeda. Sin vida. Sin respiración. Un traje plateado claro, de lata, de cobre, de plomo, de plata. Cerrado, cerrado. Sellado. Y ahora tenés alas, vos. Pero yo no. Yo te dí las mías. El traje de lata se abre lento, despacio, se desgarra desde adentro sin alas, pero con vida. Respiro un poco. Despacio. Un cuerpo sin fuerza, un corazón roto, una vida de encuentro, una vida buscándote. Te encontré mil veces, pero no eras vos. Este sí...