Hoy conocí a un ángel
Abrí la puerta de mi casa y ahí estabas, sonriendo, despreocupado, con el mate en la mano y la mochila en la espalda. Primero tuve que disolver mi enojo por la espera, pero luego te sentaste cómodamente al lado mío en la mesa. Me corrí y me puse enfrente, no estaba dispuesta a mirarte de costado, quería mirarte de frente, a los ojos, ver tus gestos y tus expresiones. Hablamos un rato tratando de ponernos de acuerdo sobre cosas importantes, no fue difícil, no. Todo fluía suavemente, como si ya hubiéramos tenido esta conversación miles de veces. -“Cuando entré a tu casa sentí que me daba la bienvenida” me dijiste pasando tu mano por el corazón y por la panza, con un hermoso gesto de felicidad y satisfacción. Ahí presté atención. Era verdad, mi casa se sentía feliz. Te había estado esperando. Te propuse hacer una prueba, para ver mejor cuál era el plan que nos unía, y accediste y te entregaste en ese mismo momento a mis delirios. Sentate acá, decí esto, ahora parate…a ver…...