El muro
Se miraban de reojo con un poco de bronca o algo parecido a la bronca que los tornaba de un color verde opaco. Estaban parados uno al lado del otro de frente a la gran mesa blanca, otra vez. El gran hombre leía muy concentrado un cuaderno, indiferente a estos dos que estaban empezando a sentirse inquietos y a moverse bastante. Sus alas crujían intentando estirarse un poco mientras levantaban los brazos y estiraban las piernas luminosas y azules. Giraban medio cuerpo como deportistas precalentándose para una maratón. No tenían carne ni músculos, pero era una manera de prepararse para lo que iba a venir, y en su ansiedad de ángeles sólo querían desaparecer, pero no podían hacerlo, estaba prohibido. - A ver … dijo el gran hombre con ojos muy serios y boca apretada, haciendo un gesto de misericordia y piedad. ¿Me pueden explicar qué pasó ahora? Me habían dicho que ya estaba resuelto, ¡y volvemos a empezar! -¡El ángel A se quedó dormido! Gruñó B levantando los brazos ...