El baile
La música me llevó con vos, adonde casi siempre nos encontrábamos. Un baile, una mirada cómplice, los pasos de siempre. Es increíble que tanto tiempo después, tantos bailes después, siguiéramos moviéndonos igual. Las mismas vueltas, los mismos movimientos. Con otros cuerpos por supuesto, más lentos, más pesados, más distantes. Y dejé que ocurra. Al principio me resistí, me dio bronca bailar con vos ahora. ¿Por qué mi mente y mi alma quieren hacerlo? No tiene sentido, ya no tenemos esa mirada cómplice ni nos miramos siquiera, ya no bailamos desde hace mucho. Y la verdad, prefiero no hacerlo. Pero ahí estábamos, disfrutando la pista iluminada mientras el entorno estaba oscuro. Me gustó, la verdad, cuando decidí permitirlo. Vos no me decías nada, sólo me sonreías y eso me exasperaba. Me entregué a la danza imperfecta y suave que nuestras almas tenían ganas de expresar. Al menos la mía. Y en el medio del llanto de repente apareció otro, no cualquiera, mi hermano. Él también son...