Ya te veo


¿Sabés que no te veo?

Sé que estás, me dicen que estás.

Debés ser esa pelota dura que tengo cerca de mi estómago, un poco más arriba pero antes de la garganta.

Eso es todo lo que sé de vos. Y por eso, también, se que estás.

Me habitás en la oscuridad, me dirigís en silencio, desde las tinieblas.

¿Te estoy negando? Debe ser eso…

Algunas veces escucho tu voz, pocas, la verdad…

Pero es muy potente, muy profunda, muy antigua…

Es tan extraña para mí que no la reconozco.

¿Cuántas capas hacia adentro estás?

¿Es mía? Me pregunto casi siempre, pero casi siempre me respondo que no.

Te veo en otros, por supuesto… Y te reconozco en seguida. Pero no te puedo encontrar.

Trato de hablarte con dulzura, y te digo que está todo bien, pero no siento que me escuches…

Pero la pelota sí reacciona, siento que se mueve y que se incomoda, empieza a dejar salir un poco de aire por mi boca y desciende unos centímetros, para volver a subir.

-Tenés poco espacio ahí, te digo. Es mejor afuera.

Pero no me creés, por supuesto. Sabés que te miento.

Te acaricio un poco, quizás…si te hablo con amor, quieras mostrarte.

Y pongo mis manos y mi atención sobre vos, y empiezo a sentir que me falta el aire, y una burbuja sube y sale por mi boca.

-Bien, me digo. Es por ahí.

Y empiezo a llorarte de a poco, y el corazón late un poco más rápido y me da tos. Me caen mocos muy discretamente, y tomo un mate para tragar.

-Voy bien, pienso.

Te siento crecer adentro mío,

¿Quérés hablarme? Te escucho.

Y sin querer me abrazo y me consuelo.

-Tranquila, me digo, respirá. Ya pasó.

Y viene mi gatita a sentarse frente a mí. Ella también te ve.

Te escucho salir por mi boca con un sonido gutural, ¿Querés gritar?

Me gustaría saber qué guardás ahí, y me gustaría que me lo des.

Te prometo que puedo llevarlo un rato y después soltarlo al viento.

Entiendo que no confíes en mí, muchas veces me equivoco.

No puedo prometerte nada, en realidad. Sólo aflojarte los brazos y destaparte los ojos. Y también abrazarte para que puedas reposar desde ahora.

Te escucho decir que fue injusto. Y sí, lo fue. No te voy a mentir.

Me decís que nos merecíamos algo mejor. Y sí, estoy de acuerdo.

Me gritás, creo, que hiciste todo lo que pudiste. Y que seguís haciéndolo. Y que sigue siendo injusto.

Y acá te voy a discutir. En eso no estoy de acuerdo, del todo.

¿Sabés qué? Ahora sí te veo. Estoy enojada con vos. Te encontré.

Habitamos el infierno mucho tiempo, tanto que nos cuesta distinguirlo. Pero hoy, sabemos que es nuestro, y como es propio lo podemos transformar en un jardín lleno de flores y aromas, globos y payanas.

¿Y por qué insistís? Eso me enoja.

No confiás en mi jardín, lo entiendo. Ya lo sembramos tantas veces como tormentas tuvimos. Y arrasaron, yo también lo sé. Pero las tormentas pasan, te lo prometo.

Y las semillas, bien plantadas, si las seguimos regando vuelven a crecer. Y si mirás bien, hay algunos árboles que resistieron el viento, también algunos rosales.

Sacate las manos de los ojos y vas a ver que incluso la injusticia dio frutos hermosos, grandes, ricos. Y que de ese árbol comen muchos, además de nosotras.

Y la impotencia también floreció, la soledad también, y el odio nos está dando de comer. Todo eso lo sembré, lo regué y ahora ya tiene raíces sólidas y profundas, el agua y el sol se encargaron de darles una nueva vida, un destino diferente. Los tuve que soplar yo también, por supuesto, porque sin mi aliento no lo hubieran logrado.

¿Lo ves? Te invito a nuestro jardín, déjame que te lleve a uno de mis lugares preferidos, cerca del lago, al pié de la montaña, al lado del rosedal.

Vas a poder florecer, o cuidar a los potus, o ser cobijo para mis perros y mis gatos.

Si te acercás un poco puedo sacarte algunas espinas antes, así vas un poco más liviano y podés caminar mejor. Sé que duelen.

No esperes demasiado, no puedo prometer nada. Quizás mañana vuelvas a mi estómago y pasado vuelva a sembrarte y darte mi aliento. Pero te voy a sembrar todas las veces que te vea con los ojos tapados. Eso sí lo prometo.

El estómago no es un buen lugar para florecer.


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