Querida abuela
¿Lo esperaste?
Seguramente sí, me imagino las horas que
lloraste de incomprensión, de abandono, de miedo y de soledad.
Te veo sentada en la puerta de tu casa, con el
vientre lleno de vida, abrazando la sombra del árbol bajo el sol ardiente, sin
entender lo que estaba pasando.
Buscaste, seguramente, refugio en alguna amiga,
quien te diera un lugar donde dormir, adonde comer, adónde llorar. Un lugar en
donde seguir esperando.
Te habían arrancado otra vez de tu hogar, pero
esta vez tuviste que dejar atrás mucho más que las otras veces.
Eras muy joven para entender la maldad, otra
vez. El abandono, la injusticia. Seguramente pasaste horas buscando una razón,
evaluando lo que habías hecho mal, lo que tendrías que haber hecho distinto. Quizás
vestirte mejor, quizás cocinar mejor, atender mejor a los hijos, estar más
disponible, hablar menos, opinar más, asentir más…no sabías, eras muy joven
para entender la indiferencia, el odio, el egoísmo, el desamor.
Y perdiste todo lo que era tuyo, tu casa, tu
familia, tu dignidad. Fuiste reemplazada por otra aún más joven. Ella también
te robó, ocupó tu lugar sin tu permiso. Demasiado joven para entender su villanía,
quizás.
Pero él, él sí entendía. Un hombre sin corazón
te destrozó la vida, el alma. Tuviste que volver a empezar sin nada, sin vos. Sin
tus hijos, salvo aquella que ya estaba en tu panza. También sufriste su
distancia. Los abandonaste. Te los robaron.
¿Lo esperaste? ¿Cuánto tiempo?
Sé que tuviste otros hijos con otros hombres
después, hombres que posiblemente eran como el abuelo. ¿Será así? No lo sé, no
te conocí lo suficiente para saber algo sobre vos, salvo esto que mi mamá me
contó alguna vez.
¿Y él? ¿Se habrá dado cuenta alguna vez del
daño que causó?
Me dijo mi madre que una vez volvió a pedirte
perdón, pero no lo aceptaste. ¿Será verdad?
¿Sabés? Estoy muy orgullosa de ser tu nieta.
Aunque te confieso que a veces siento que tu dolor es mío, que tu enojo me
habita, que esa espera que nunca terminó late en mi sangre. Ese dolor tan profundo
habitó también en tu hija, mi madre, durante toda su vida. Y siento que, de muchas
maneras, también vibra en mí.
¿Y el abuelo? Esa historia es distinta…me
cuesta sentirme orgullosa de llevar su sangre, pero del abuelo realmente no se
nada, aunque a él sí lo conocí.
Me gustaría pensar que tampoco sabía lo que
hacía, que no fue consciente del daño que causaba, que le ganó el amor…no se…quien
soy yo para juzgarlo.
Yo necesito, querida abuela, que mires con amor
tu vida, que dejes el enojo y el dolor en quien corresponda y que perdones…para
que yo también pueda perdonar.
Querida abuela, vos cargaste con tanto sufrimiento,
lo contagiaste sin querer y lo llevo yo también. Por amor a vos y por amor a
todas las mujeres.
Pero por amor también ahora te pido que honres
tu vida como yo lo hago, que te sientas orgullosa de vos ya que fuiste
maravillosa, y eso también nos lo regalaste.
Nos dejaste un legado de amor y fuerza, superación,
poder, resistencia, humildad y servicio.
Pero también nos dejaste el odio y el enojo. Perdón
por decirlo, no soy nadie para hablarte así, querida abuela.
Hoy te pido que te hagas cargo de lo tuyo para
poder hacer lo mismo con lo mío. Hoy te pido que me liberes de este mandato de
odio y enojo, de desconfianza, de desamor. Porque hoy yo decido liberarme. Y sinceramente,
me causa mucho dolor entregarte esto, pero ya es hora. No significa que tengas
nada que cargar vos también, dáselo vos también a quien corresponda. Eso no lo
sé…
Que nada de tu sufrimiento haya sido en vano abuela
querida, que todo el sufrimiento de todas nuestras mujeres se transforme en
perdón, en amor, en coraje, en compasión. Que todas podamos tener buenos
amores, reales y sanos.
Te pido, querida abuela, que nos bendigas. Que tu
bendición nos limpie de viejas ataduras y dolores. Que bendigas nuestras vidas
para que podamos vivirlas a nuestra manera. Y te pido que bendigas tu vida
también.
Te pido que me mires con buenos ojos, por que
voy a hacer las cosas diferente. Mi lealtad a tu vida se refleja en el orgullo
que siento de ser tu nieta, y voy a honrarte todos los días mirando con buenos ojos
mi propia vida. Eso que, quizás, no pudiste.
Y por último, te pido abuela querida que ames
al abuelo, así como fue. Que sueltes y perdones, que pongas compasión en todo
lo que fue. Para que también nosotros podamos honrarlo y amarlo, sin juzgarlo.
Cuando puedas, si querés, mostrame tu
respuesta. Podés visitarme en sueños, quizás con él. Quizás una frase de un
libro, una palabra de alguien.
En algún sentido siento que te estoy pidiendo
permiso para amar bien, necesito que me sueltes vos también, para que sea más
fácil para mí. Pero te cuento, que lo voy a hacer así, como yo necesito
hacerlo.
Te lleno de amor del bueno, desde acá. Buscala a
mi mamá por favor, buscalo al abuelo y deciles de mi parte que los amo y los
llevo en mí.
Deciles que les agradezco todo, como te lo
agradezco a vos también. Alguna vez tenemos que inventar palabras para decir
cosas enormes, como lo que siento en este momento que te hablo. Sólo gracias
siempre, por todo, por cada cosa, por darme a mi mamá.
Cuando me toque a mí encontrarte, te juro que
te voy a abrazar durante una eternidad. Y al abuelo también.
Creo que ya es hora de que dejes de
esperar, ¿no?
Yo sigo, pero necesito que vos
también sigas. No solas, sino juntas, todas.
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