El mensajero
Tenía algo en la mano derecha que no llego a
distinguir, irradiaba luces de colores también por sus costados y su rostro era
calmo pero imponente.
La habitación estaba oscura y me daba la
sensación de que él absorvía la oscuridad y la llevaba hacia sí mismo. Ahí estuvo,
quieto de alguna manera durante unos minutos, yo me incorporé un poco, me apoyé
sobre el brazo izquierdo y le hablé. En realidad quise contestarle lo que me
preguntaba pero no pude, no tenía respuesta.
Tuve la sensación de que venía a darme algo,
pero yo tenía que pedírselo. Y no supe qué pedir, no supe qué quería, qué
necesitaba. Respiré un poco desilusionada ya que yo le había pedido que me
asista y al verlo, supe que lo había estado esperando pero que no estaba preparada
para ese momento.
Mil pensamientos recorrieron mi mente clara,
despierta, alerta, intentando distinguir qué era lo que me estaba faltando,
pero no pude ver nada. Pensé en felicidad, calma, alegría, soltar, ser,
abundancia, amar, dejar atrás, renacer, crear, disfrutar…
Y todo eso me parecía sin sentido, todo eso
está en mi y yo sé que es una decisión personal. También pensé en mis padres,
en mis hijos, en mi vida entera. Y no pude tampoco pedir nada. Pensé en mi ego,
y lo difícil que es a veces no caer en la soberbia, en el pasado, en las
cadenas viejas, en el miedo al futuro impredecible e incierto. Pero tampoco
pude pedirle eso, porque supe en ese instante que ese desafío es mío.
También quise pedir protección y libertad para
mi alma, que a veces se atormenta y queda enredada en mis pensamientos
rumiantes, la veo correrse y observar con cierta distancia esperando que se
calme la tempestad, para volver a su lugar y seguir creciendo. Toma fuerza
muchas veces después, cuando sale el sol. Y yo la observo cómo pacientemente me
espera. Eso ya lo tengo, me dijo en
silencio. Yo ya lo sabía por supuesto, pero igual quise pedirlo, porque ya no
sabía que pedir.
Nada podía hacer por mí, me dije. Y sólo me di
vuelta y me volví a dormir. No tuve miedo, en serio. Pero sentí una especie de
tristeza, de vacío, de soledad y también de fuerza y de poder. No es
resignación, es como presencia, como aceptación.
En ese momento pude sentir mi vida desde un
lugar que nunca la había sentido, no la vi, la volví a re-vivir y cada detalle
se presentó en mi nuevamente. Todo, cada tristeza, cada felicidad, cada sonrisa
y cada llanto, las personas que compartieron conmigo sus propias vidas. Fue muy
raro porque no vi nada pero sentí todo, sentí la perfección. No sé cómo
explicarlo, pero sentí las piezas del rompecabezas acomodándose y eso me dio paz.
Al despertarme esta mañana me sentí distinta,
como desilusionada, como perdida. Pero a la vez con una confianza que me ocupa
el cuerpo de otra manera. Siento vibrar la piel y lo que hay debajo de ella.
Me siento un poco triste la verdad, antes, hace
un tiempo atrás, había en mi vida certezas que hoy no existen, claro que no me
daba cuenta de que no eran reales, eran ilusiones. Pero anoche me vi
construyendo lo que hoy habito y entendí mejor de qué se trata este juego. Que también
es una ilusión pero es demasiado real.
Nada me falta que ya no exista, nada pueden
darme que yo no pueda darme a mi misma. Me acompañan, sí. Me sostienen. Pero no
pueden hacer mi trabajo, eso me corresponde a mí.
Creo que lo estoy haciendo, al menos. No me
atrevo a decir que lo estoy haciendo bien, pero sí me animo a sentir que lo
estoy haciendo.
Reconozco que me es difícil, que a veces es
demasiado, que a veces me pierdo. Pero siempre me vuelvo a encontrar.
Me pregunto para qué… y esa respuesta no la
encuentro. Ahora me doy cuenta de que quizás podría haber pedido eso, un propósito
más claro, más explícito. Pero quizás esa sea la respuesta, encontrarlo y vivirlo.
Hace un tiempo tenía algo así como metas,
objetivos, destinos posibles. Hoy no los tengo, hoy a lo sumo tengo este día y
proyectos y planes, pero son tan irreales como yo. No porque no tengan fuerza o
no sean posibles, sino porque no existen y pueden no hacerlo nunca, pero no me
preocupa ya que no tengo ni idea de nada, en particular no tengo planes para mí.
O mejor dicho, tengo todos los planes posibles.
Creo que este ángel vino a traerme justo lo que
necesitaba. Creo que me dio sin decírmelo eso que buscaba y que yo no sabía que
andaba buscando.
Se siente raro, en serio. Un poco me duele la
cabeza en este momento y mi cara está seria, como si hubiera muerto algo. No tengo
ganas de sonreír aunque sí tengo ganas de respirar, que es un montón. Mi cara
no lo dice, pero en mi corazón tengo una sonrisa.

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