La llamada
Todos la vieron con ganas de irse, yo también. Todos sintieron su tristeza, su entrega, su cansancio. Yo también. Todos fuimos testigos inocentes, en algún sentido, de su partida. No había nada que hacer creo. O no supe hacer nada. No lo sé. Te vi irte de a poco, cada vez peor, cada vez mas ida. Y yo, quise quedarme con vos, pero no supe cómo. Otra vez. Cada puerta que se cerraba empeoraba las cosas para todos, pero principalmente para vos. Aunque, también para mí. No supe qué más hacer, si romper, si llorar, si rogar, si pedir. Y ahora te vi como nunca me imaginé que iba a verte, y tampoco sé qué hacer. Tan gris estas, tan vacía de vos. Pudiste decirme algunas cosas y pude decirte otras. Pocas, la verdad. Pero en el universo de las cosas por decir creo que fueron suficientes. Yo, que siempre sé qué hay que hacer, estoy perdida. Yo, que siempre supe que iba a llegar este momento, no puedo sostenerlo. La fé, dicen. Que no tengo fé. Lo que no tengo es dudas d...