La llamada

 





Todos la vieron con ganas de irse, yo también. Todos sintieron su tristeza, su entrega, su cansancio. Yo también.

Todos fuimos testigos inocentes, en algún sentido, de su partida. No había nada que hacer creo.  O no supe hacer nada. No lo sé.

Te vi irte de a poco, cada vez peor, cada vez mas ida. Y yo, quise quedarme con vos, pero no supe cómo. Otra vez.

Cada puerta que se cerraba empeoraba las cosas para todos, pero principalmente para vos. Aunque, también para mí.

No supe qué más hacer, si romper, si llorar, si rogar, si pedir. Y ahora te vi como nunca me imaginé que iba a verte, y tampoco sé qué hacer. Tan gris estas, tan vacía de vos.

Pudiste decirme algunas cosas y pude decirte otras. Pocas, la verdad. Pero en el universo de las cosas por decir creo que fueron suficientes.

Yo, que siempre sé qué hay que hacer, estoy perdida. Yo, que siempre supe que iba a llegar este momento, no puedo sostenerlo.

La fé, dicen. Que no tengo fé. Lo que no tengo es dudas de que ya te fuiste. Te despediste bien, creo. Lo más importante del mundo lo pudiste decir.

Yo pedí que fuera amoroso, y así lo fue. Al menos para vos, que tenías ganas de cerrar los ojos cansados de tanto ver la nada, el vacío, el desamor.

El mío también.

Y oscilo errante entre las bellas fotos de tu viaje acompañado y las tristes imágenes de nuestro viaje solitario. Vos, al fin, los encontraste a ello, que siempre estuvieron pero no los veías. Gracias por eso.

Hay algo que duele tan profundo que no sé adonde está ni cómo es. Sólo sé que lo único que quiero hacer es volver para atrás y hacer todo distinto. Yo sé que algo avanzamos en este viaje, pero nos pesaron demasiado las valijas y las cargamos hasta el final. Y ahora me toca a mí seguir. Como te tocó a vos otras veces.

Sólo me quiero sentar a esperar el llamado, para darle fin a todo esto que no sé qué es. Porque te veo allá, bien, con ellos. Y te veo acá, gris, conmigo.

¿Cuál sos? ¿Cuál soy?

¿Y si me abrazás y te abrazo?

¿Por qué es tan dificil? ¿Por qué estoy tan triste? ¿Qué no veía antes que ahora veo? ¿Cómo aprendo a ver para que no sea tan difícil la próxima vez?

Me diste todo, a tu manera condicionada algunas veces y resbaladiza otras. Pero no te entregaste ni tuviste miedo hasta el final. Hasta hoy.

Yo sí tengo miedo. Y creo que lo voy a tener siempre. El miedo que me da no poder volver el tiempo atrás y hacer todo distinto. Porque el tiempo atrás es ahora, en este instante. Y sólo puedo estar acá escribiendo, un poco para vos y un poco para mí.

Pero, siento que es tarde.

¡Qué suene el maldito teléfono de una vez! Para poder desgarrar lo que aún se sostiene por la esperanza que una vez me enseñaron.

Grito desde el estómago en absoluto silencio, porque todos duermen. Y así como vos, yo tengo el grito guardado en el intestino. ¡Cuántos gritos no gritaste! ¡Cuántos perdones no entregaste!

Tengo paz en mi corazón, enojo en mi estómago, impotencia en el pecho y tristeza en mi alma. Así, con esa mezcla extraña me voy a dormir esperando el llamado liberador y aterrador. No creo que pueda soñar esta noche, te pido disculpas de antemano por mi descanso.

No me olvido de vos, te tengo en mi corazón que hoy está desgarrado y amargo. Pero te prometo que vas a florecer en él, en cuanto pueda curarlo un poco.

Estar viva no es lo mismo que respirar. Eso lo sé. Y en este momento siento que respiro, como vos.

¿Y si nos abrazamos esta noche en mis sueños? Te espero, dale…

No voy a despedirme esta vez, no. Me niego a entregar esto que tanto me costó. Las despedidas son para siempre, y nosotras sólo nos estamos conectando de otra manera a partir de ahora.

Estas en mi corazón. ¡Nos costó demasiado a las dos! No lo entreguemos, por favor.

¡Que suene el maldito teléfono de una vez!

Sólo quisiera desaparecer, hacerme chiquita nuevamente hasta no estar en ningún lado. Total, el mundo sigue su curso, ni cuenta se da de mí. Al menos hoy. Y yo tampoco me doy cuenta del mundo.

Estas en manos de Dios, dicen. ¡¡¡Siempre lo estuviste!!!

Lamento que no lo hayas podido ver. Lamento que no hayamos podido ver antes lo maravillosas que somos.

No perfectas, no hermosas, maravillosas. Y de tanto chocarnos nos fundimos y nos confundimos. Y de tanto chocarnos nos alejamos bastante. Hasta hoy. Hasta ayer.

Déjate abrazar por favor, déjate amar de manera poderosa y entrega tu corazón desorientado al siguiente nivel.

No puedo sostener tu sufrimiento ni un instante más. No puedo dejar de llorar en cada célula mientras hago todo lo que tengo que hacer.

El mundo está detenido pero no se da cuenta. Yo sí.

¿Qué pasa con el teléfono? Lo miro a cada rato y sigue sin sonar.

Hoy estoy detenida, pero mañana voy a volver a germinar y voy a llenar mi corazón de tus jazmines.


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