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Mostrando las entradas de noviembre, 2023

Descubrí….

Descubrí que no hay nada que encontrar, así que detuve mi búsqueda, porque lo que estaba buscando siempre estuvo. Descubrí que la energía más importante con la que quiero conectarme, está adentro mío y también adentro tuyo. Sos vos, y soy yo, que somos el mismo. Que hay miles de seres diferentes, algunos visibles y otros no. Pero los que realmente importan son de carne y hueso, como yo. Está re bueno y es mágico y sanador escucharlos y recibir sus mensajes, sus consejos, sus recetas, su amor. Pero es más mágico todavía recibir lo mismo de tu sangre y tus hermanos humanos. Descubrí, que el río, el viento y el sol te acarician y te escuchan, te acompañan. Pero que también lo haces vos, y está re bueno. Descubrí que todo lo que no sale del corazón, germina mal y se pudre, ensucia, destruye, mata. Descubrí que algunos de nosotros no sabemos el daño que estamos haciendo, con buenas intenciones. Descubrí que mucho a veces es demasiado, que poco es suficiente, que siempre se pue...

E vuelo

¿Cómo te agradezco, Luciano hermoso, por ayudarme a ver lo que mis ojos no veían? Preferí cerrarlos para sentir y buscar en qué parte de mi cuerpo se estaba escondiendo esa sombra conocida que nunca había estado tan ausente. No podía encontrarla, ¿se escabullía? O no estaba presente esta vez..difícil detectar la diferencia…si no fuera por vos, por tu ojos de niño inocente sin sombra. Quise darte algo, pero no tenía nada de tu interés. Pude darte las gracias, aunque no sé si lo entendiste….quisiera que guardes en tu corazón esas ocho palabras, “me regalaste el mejor viaje de mi vida”. Mirar con los ojos de un niño…otras veces lo escuché pero creo que hasta hoy no entendí bien qué significaba. Tus ojos curiosos y limpios, que miran y se preguntan, se sorprenden, escuchan y pueden ver todo en su máxima dimensión, sin velos que oculten nada, sin miedos que detengan la pregunta, sin nada más que el asombro y la inocencia de tu alma. Te amé, hermoso Luciano, ojalá un día pueda darte ...

Libertad

-¡La vida se vive todos los días! Gritó mientras golpeaba la mesa con el vaso de vidrio que estalló en miles de pedazos, desparramándose en cada rincón del comedor. Enardecida salió de la casa golpeando las sillas y pegando un portazo, de esos que dejan vibrando los vidrios de las ventanas. Se fue enfurecida con la cara roja y la garganta ardiendo, ahogando los gritos desesperados de auxilio que no podían salir. Su cabeza enmarañada de pensamientos contradictorios era como un árbol en llamas en el medio de un bosque incendiado. Incontrolable, encendió un cigarrillo, intentando mitigar el calor que la quemaba desde las entrañas. No podía dejar de pensar en él, tan calmado mientras el mundo se caía a pedazos como si una invasión de mierda hubiera caído sobre ellos. Sintió que estaba por estallar como el vaso de vidrio, desparramándose por todo el espacio en el que estaba. No podía ver nada más que el rostro del joven sonriendo y mirándola tranquilamente, segura consecuencia de su jov...

Mi piel

Empieza a subir la picazón desde los pies, deteniéndose bastante entre los dedos, avanzando despacio pero incontrolable por las plantas, llegando enérgica a los tobillos, abarcando las piernas resecas y escamosas, abandonadas a su suerte luego de tantos años de desamor y asfixia. Implacable, la molestia ocupa todos los espacios, aún los más íntimos, atravesando la ropa y burlándose de las manos que intentan aplacarla con las uñas, también envejecidas, aunque más útiles, en apariencia. La piel, esta primera frontera física entre lo interior y lo exterior, la que recibe todos los rechazos, los abandonos, la que sufre todas las vergüenzas, la que duele cuando se separa del amor. Mi piel, coraza palpable que absorbe todos los dolores que vienen de afuera, la que recibe primero las balas, la que me defiende en las batallas contra el mundo y contra mí misma. Ella sabe de las veces que la escondí, que la torturé, que la dañé. Ella sabe guardar secretos y penas, sabe cómo reestablecerse y ...

Regresión (3)

Por mí… por mí volvería, si tuviera que hacerlo. Impregno la piedra para que sea el puente entre el yo interno, mi alma, y el yo externo, el que ves, el que veo, el que habla en este momento. La guardo un rato, cerca de mí para no perderme. Me río, estoy nerviosa, me río con la cara mientras estoy seria en mi interior. Yo sé lo que busco, pero no puedo decírtelo. Intento que lo veas, pero lo oculto detrás de mis dientes blancos y mi ropa negra. Dos soles amarillos fosforescentes giran alrededor de mi galaxia, cada uno tiene una órbita distinta, sus caminos no se encuentran pero cuando coinciden, de sus choques estallan rayos y una lluvia de rocas me golpean fuerte en el centro, generando destellos de otros colores, algunos oscuros y otros luminosos. Mas lejos y mas cerca, allá dos planetas oscuros que iluminan a través de mi luz sus distancias cortas y poco pobladas, menos densas pero suficientemente pesadas, dibujan elipses en espiral hacia afuera y hacia adentro. Acá yo, la m...

Regresión (2)

Suelto el control de mi mente, la carga pesada de los pensamientos recurrentes que no me permiten fluir y llegar ahí, al fondo de mi océano de emociones que se oculta detrás de un velo oscuro de miedos e inseguridades. Me empiezo a alinear, de a poco se van cayendo hacia la tierra los nudos que me atan a este momento. Se sueltan, y acá estoy, entrando en las profundidades de la cueva sumergida durante tantas vidas, pero más presente que nunca y más consciente que siempre. Estoy en calma, las lágrimas fluyen por mi rostro sin obstáculos, pasan por mi garganta y caen en la mesa. Escucho, me llevan a ese dolor. No quiero, me resisto, es más fácil escapar. Insisten, intento, pero algo en mí construye rápidamente una pared invisible, alta, opaca. El dolor empieza a atravesarme, como un rayo primero lento y después filoso, lo esquivo un poco, pero acá está. Ya lo ví, no puedo ignorarlo… Me sigo resistiendo… ¡déjame, no me hables más! ¡Callate! ¡No quiero ver! No cantes, no me hables má...

Regresión (4)

  Hostil. No sé para que vine, si hubiera sabido no hubiera venido. Me arrepiento, antes de haber llegado me di cuenta de que no quería estar acá. Pero ya vine, aunque no confío en estas personas, me quedo. No me interesa, no estoy dispuesta. Estoy enojada, no sé a qué vine, la verdad. ¡Maldición! ¡Me quiero ir! ¿Podré levantarme de esta silla maldita y salir de la mirada de todos estos presentes que no me conocen ni les importa nada de mí? ¡Uf! Tiemblo un poco, se me nota algo…lo oculto atrás de mi mirada esquiva y enojada, para que no intentes, siquiera, verme. ¡¿Para qué vine?! ¡¿Qué quieren de mí?! No necesito nada, yo estoy bien. Yo supe siempre alejarme de todo lo que me hacia mal, yo puedo hacerlo sola. Mi fuerza y mi orgullo son más poderosos que mi corazón, del que no sé nada desde hace mucho. Yo sé lo que hago, yo sé lo que necesito y lo que quiero, no sé qué querés saber de mí. Tengo lo que me merezco y me merezco lo que tengo y punto, no hay nada más que decir...