Regresión (3)

Por mí… por mí volvería, si tuviera que hacerlo. Impregno la piedra para que sea el puente entre el yo interno, mi alma, y el yo externo, el que ves, el que veo, el que habla en este momento. La guardo un rato, cerca de mí para no perderme.

Me río, estoy nerviosa, me río con la cara mientras estoy seria en mi interior. Yo sé lo que busco, pero no puedo decírtelo. Intento que lo veas, pero lo oculto detrás de mis dientes blancos y mi ropa negra.

Dos soles amarillos fosforescentes giran alrededor de mi galaxia, cada uno tiene una órbita distinta, sus caminos no se encuentran pero cuando coinciden, de sus choques estallan rayos y una lluvia de rocas me golpean fuerte en el centro, generando destellos de otros colores, algunos oscuros y otros luminosos.

Mas lejos y mas cerca, allá dos planetas oscuros que iluminan a través de mi luz sus distancias cortas y poco pobladas, menos densas pero suficientemente pesadas, dibujan elipses en espiral hacia afuera y hacia adentro.

Acá yo, la madre central, la que teje los hilos que se van cortando, que remienda los agujeros que se van rompiendo, cumpliendo con los mandatos ancestrales que no conozco pero que guardo en cada célula.

En mi sol central, sombras oscuras como dagas se clavan en mis brillos, en mis rayos cortados intentando ocultar el rojo fosforescente que intentan irradiar hacia afuera, dejando agujeros profundos sin forma, sin sabor, que permanecen ocultos ahí, asomados detrás de los dientes.

Yo no miro esos huecos, enfoco mi mirada en los huecos de los otros, en sus sombras y soles girando en otras galaxias. Eso me tranquiliza. Se siente bien oler los perfumes de otros, aunque apesten. Se siente bien acomodarles los planetas, completar sus rayos con luces amarillas y dejar que calienten sus propios mundos.

Cuando cierro los ojos, otra vez mi galaxia, mis planetas y mis agujeros vienen a mí. Y de vuelta mis dientes me ayudan a evadir victoriosamente el aire faltante en mis pulmones, el agua seca de mis venas, el olor a podrido en el hígado, el vacío absoluto que generan lo ausente y lo presente ignorado.

Todos estos vacíos ocupan demasiado espacio, mi sol se expande debido al lugar que ellos necesitan para existir. Aunque lograra llenarlos mi sol no lograría contraerse, pero…quizás…si los integro, los abrazo, pueda convertirlos en parte de mi luz y mi borde volvería a su lugar.

Me pedís que entre en mi sol y encuentro adentro del laberinto un camino hacia esas sombras, pero no puedo…recorro los pasillos estrechos que terminan en una pared tan alta…más alta que yo, sin manera de ver qué hay más allá. Los cables que me conectan están cortados, el laberinto no tiene salida y si la tuviera, no quiero verla.

Sigo recorriendo con los ojos cerrados esos caminos cortados, inconclusos, que se abren y se cierran sobre sí mismos. Me quedo en el borde, en la puerta, ningún camino se abre ya. Prefiero estar acá, consciente, escondida en las sombras de mis ojos ocultándome de todos.

Invento un juego para complacerte mientras me oculto de mi misma y también de vos. Me seguís el juego aunque te agota, no te gusta jugar así. Yo lo sé, por eso lo hago. Te sigo mostrando mis dientes blancos cada vez más grandes, cada vez más blancos. Me río por dentro de todo, de todos.

Ya no soy yo. Algo va saliendo hacia el exterior, no quiero, no quiere. ¡Dejalo! ¡No lo llames! ¡Me asusta! Lo conozco, te conoce.

No lo viste… ¡Qué alivio!

Seguimos jugando un rato más.

Cuidado, te habla…¡No lo escuches! Por favor, no quiero. Él se muere de ganas de hablarte…ahí vas…¡insistí un poco más! ¡Miralo, así lo obligás! No lo ves….

No te das cuenta…¡Qué alivio! Pero…mirame…acá estamos…lo veo y lo esquivo, me quedo quieta escondida, con ganas de perder esta vez. Pero seguimos jugando, te dejo tomar algunas cartas y dar vuelta el mazo. Te veo victoriosa, con el juego ganado, que yo inventé. Siento tu frustración y tu cansancio, se escucha en tu voz. Voy ganando, lo sé y vos también lo sabés.

No voy a llenar mis agujeros, están bloqueados los caminos por las manos y los pies de quien no camina ni come. Él custodia esos senderos, los abre y cierra según su antojo y su ley. Es su juego.

Sigo jugando, pero ya ganó. Perdimos ambas.

Salgamos por favor del laberinto, volvamos a la puerta de entrada custodiada por ese que interrumpe mi voz.

Ya está. Basta. No hay nada más.

Quiero salir y dejar mi galaxia como estaba.

Te miento un poco más, te mentimos. Y vos, nos creés. ¡Aleluya! Me río, esta vez sin dientes.

Y te dejo navegar un poco más creyendo que sostenés el timón y controlás las velas, pero no te das cuenta de que yo soy la corriente y el viento.

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