Quimera
La arena estaba caliente pero suave, la piel se apoyaba suavemente sobre ella sintiendo el ardor de su roce. Las piernas desnudas y flexionadas permitían que la brisa tibia las acariciara serenamente, sin apuro. Las manos y los brazos sostenían el resto del cuerpo que ardía bajo el sol del mediodía que, implacable, la obligaba a entrar al agua exageradamente salada. Allí, las burbujas de mar la invadían completamente insistiendo en sacarle la bikini que se anudaba levemente en su cuello. Se sumergía lentamente para observar el fondo y a los pequeños peces que distraídamente la tocaban. A su lado, ya en la playa, una mesa pequeña y redonda invitaba la bebida. Por tercera vez pidió una bebida que la camarera trajo amablemente. La observó nuevamente, con cada bebida que pedía poder verla mejor. No veía su rostro pero algo en ella la atraía. Quizás su sonrisa o el tono de su voz, esas palabras pronunciadas en otro idioma que salían de su boca le provocaban un cosquilleo en la espalda y...