Los amigos
Todos querían hablar a la vez. Sobre la mesa una caja con fotos desordenadas que nunca habían sido sacadas esperaba ser abierta. En la mesa auxiliar el agua del mate se iba enfriando mientras se cebaban los mates más amargos, lavados y fríos de sus vidas. Todos lo compartían sin notarlo.
El cebador tuvo que renovar la yerba varias
veces hasta que cansado le cedió el honor al otro, que casi sin darse cuenta
empezó a cebar para todos. No podía conservar una ronda, de forma desordenada
iba alternando el mate entre todos, y siempre le tocaba tomar a él.
Como todos reclamaban su turno, volvía a
empezar con la esperanza de poder conservar una vez al menos el orden de
cebado. Pero esta intención duraba poco porque instantáneamente volvía a
perderse. En la puerta contigua estaba
el baño, por turnos también entraban a desahogar el agua tibia que habían
consumido, dejando abierta la puerta para no perderse ningún comentario y poder
seguir opinando mientras se lavaban las manos.
Cuando alguno se empezaba a retorcer y a
apretar las piernas, corría hacia el aposento llegando en el último instante
antes de desbordarse sin importarle si había otra persona adentro. ¡Correte! Y empujando
desahogaba los termos con placer.
Cinco termos después ya habían sacado casi todas
las fotos de la caja, les dolía la cara de tanto reírse recordando viajes,
fiestas, cumpleaños, velorios en los que habían estado, a veces juntos y a
veces separados. Faltaba uno que no había podido llegar pero igual estaba,
habían puesto un lugar en la mesa y cada tanto recibía un mate y un comentario
chistoso sobre su ausencia.
Se dieron cuenta de que tenían hambre y a ninguno
le gustaba cocinar, así que pidieron comida. Tardaron dos termos más en pedirla
ya que todos querían cosas distintas, sushi, hamburguesa, ensalada, asado….no
se ponían de acuerdo ni en la bebida, cerveza, agua, gaseosa, jugo…pero sí en
el postre…bueno, más o menos, a uno le gustaba la menta y no la banana, a otro
sólo el chocolate, otro sólo podía tomar helado de agua, otro no quería helado.
Cansados del mate algunos tomaron té, que
prepararon en unas tacitas amorosas y chiquitas sin asa, salvo para uno de
ellos que todos sabían que necesitaba una taza con asa.
En la espera y ya con las fotos en su lugar, se
tiraron en la cama apretados uno sobre el otro y prendieron un rato la tele, no
podían ponerse de acuerdo sobre qué mirar así que hicieron zapping hasta que
llegó la comida.
Corrieron a la mesa que tuvieron que desocupar
apurados y distribuyeron los paquetes a cada comensal. Disfrutaron casi en
silencio la comida, opinando sobre su sabor, robando pedacitos para probar,
sirviendo en todos los vasos las distintas bebidas según la regla implícita que
obliga al que se sirve primero a servirle a todos. Por supuesto que la decisión
de servirse no era fácil, todos estaban esperando que alguno no aguantara más,
mientras ninguno aguantaba más, pero uno siempre era el primero y rápidamente
se hacían señas entre ellos para acercar los vasos, triunfantes todos menos
uno, que protestaba contra la regla con la que no estaba de acuerdo, porque casi
siempre era el primero.
No usaron platos por no lavarlos, así que
juntaron todas las sobras en una bolsa y la tiraron a la basura.
Después de comer, volvió la ronda del mate para
algunos, pero otros eligieron la cerveza. Y mientras conectaban la computadora
al equipo de música, uno tomó un micrófono y empezó a cantar. Los demás hicieron
gestos de “sonamos” pero empezaron a sumarse de a uno al karaoke improvisado a
todo volumen. Una de esas canciones era icónica, traía recuerdos de
coreografías y festejos de la vez que estuvieron casi todos juntos una navidad,
y no pudieron quedarse sentados frente a esta invitación.
Hubo recuerdos, chistes, cargadas, risas, como
cada vez que se juntaban desde hacía más de veinte años. También hubo momentos
para recordar a los que ya no estaban, con un poco de nostalgia y con mucho
agradecimiento, imaginándolos presentes también.
Ya tarde, uno se durmió en un banco, otro en la
mesa, otro en el sillón y el dueño de casa se fue a su cama. Otros descansaron
los ojos en una cama compartida, apretados y amontonados. Algunos en el suelo
duro del comedor, pero todos y cada uno estuvo cómodo eligiendo el lugar para
descansar.
En algún lugar de la casa los niños también se
habían quedado dormidos, un poco relegados y un poco desplazados esa noche de
ese año.
Se fueron yendo de a uno, o de a dos, o de a
tres….con un poco de dolor por la posición del cuerpo durante el sueño pero con
el alma llena y la sonrisa fija en el rostro.
No sabían cuando se iban a volver a encontrar
nuevamente, pero sí sacaron algunas fotos más para la caja.
Comentarios
Publicar un comentario