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Mostrando las entradas de octubre, 2025

Me miro

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  Me miro. Levanto la mano izquierda y abro la puerta de la alacena. Tengo las uñas pintadas de violeta, los dedos cortos y arrugados, doy vuelta la mano y miro mi palma. Sí, es mía. Levanto la mano derecha y agarro la sal, la abro y rocío suave sobre la carne que recién puse en la olla. Me observo dejando caer la sal, cómo mi mano sabe lo que tiene que hacer y sólo lo hace, no se cuestiona nada, duda un poco y vuelve a volcar sal sobre la carne. La misma mano tapa la olla luego de posar la sal sobre la mesa, me rasco la nariz y veo cómo mis dedos lo hacen, sin que yo se los pida. Expertos. Miro la hora, son las 18. ¿Voy a comer ahora? Abro la puerta del horno eléctrico y saco bastones de muzzarela, ya están. Los como parada en la cocina, de fondo se escucha una serie que suena en la televisión. Guardo el pan, “es demasiado”, me digo. Pero ya me comí un sánguche y 6 galletas. ¿De qué es esta hambre que tengo ahora? Me pregunto y no dejo de mirarme, me miro por dentro también,...

Hombre de poca virtud

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  - ¿Qué te trae por acá? hombre de poca virtud…dijo el grande. -    Estaba la puerta abierta y ví que se necesitaba mi humilde servicio. Y entré. Sólo me senté en este sillón a esperar que me atiendan, ví que había servicio gratis y que además, me lavan los pies. Me viene bárbaro porque no conseguía quien lo haga. Y acá no hay que pagar. Yo prefiero siempre lo que es gratis. Tengo plata ¡Eh! No soy un croto, pero si no gasto mucho mejor. ¿Para qué? Acá encontré refugio, comida, abrigo y hasta consuelo. Todo libre… ¡All inclusive! De todo, mirá lo que ligué: ¿ves ese auto? ¿Esa casa? ¿Esa familia? ¡Es todo mío! (Se sonríe dulcemente) ¡y no me costó nada! Ni un suspiro, ni una lágrima. Sólo me senté a esperar en este sillón…bueno, en realidad tuve que ayudar al dueño a corregir sus errores, porque a veces no me gusta su comida, o cómo dobla mi ropa, y bueno…lo ayudé a mejorar. ¡Te imáginás que tenga que ponerme así las camisas! ¡Qué diría mi madre! Ella también ten...

“No te suelto hasta que sonrías”

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    “No te suelto hasta que sonrías” Te veo, sé que estás ahí, agazapada, aferrándote con las garras a cada vena que se encuentra cerca. Cada tanto te olvidás de agarrarte fuerte y, por alguna razón, un poco te disolvés y te vas escapando, despacio, por cualquier lado. Salís de la boca de algún distraído que sin querer te inhaló, por el llanto de algún animal que generosamente pasó por mi lado, te absorben las raíces de mis plantas dejándolas sin vida, también, a ellas. A veces, pocas veces, salís por mis ojos, mi nariz y mi boca, aguada, salada, cansada. ¿Vos cansada? ¡¡Ja!! Me río… Yo estoy cansada de vos. Ya te dije muchas veces que gracias, que ya entendí, que sos mi aliada y que te banco a muerte. Necesito respirar otra cosa, ya basta de metal, basta de encierro, de olor a pasado. ¿Ves? Es más lindo así, ahora, que vas cambiando a sonrisa divertida, casi inocente diría…casi niña otra vez. ¡Si sos la misma! No te pido que no seas vos, no lo haría.  Sin vo...