“No te suelto hasta que sonrías”

 


 “No te suelto hasta que sonrías”

Te veo, sé que estás ahí, agazapada, aferrándote con las garras a cada vena que se encuentra cerca. Cada tanto te olvidás de agarrarte fuerte y, por alguna razón, un poco te disolvés y te vas escapando, despacio, por cualquier lado.

Salís de la boca de algún distraído que sin querer te inhaló, por el llanto de algún animal que generosamente pasó por mi lado, te absorben las raíces de mis plantas dejándolas sin vida, también, a ellas.

A veces, pocas veces, salís por mis ojos, mi nariz y mi boca, aguada, salada, cansada. ¿Vos cansada? ¡¡Ja!! Me río…

Yo estoy cansada de vos. Ya te dije muchas veces que gracias, que ya entendí, que sos mi aliada y que te banco a muerte. Necesito respirar otra cosa, ya basta de metal, basta de encierro, de olor a pasado.

¿Ves? Es más lindo así, ahora, que vas cambiando a sonrisa divertida, casi inocente diría…casi niña otra vez.

¡Si sos la misma! No te pido que no seas vos, no lo haría. 

Sin vos, ¿Qué sería de mí?

Pero ya me cansé de que brotes a cada rato. Me confundís.

A veces pienso que te fuiste de una vez por todas, y respiro aliviada hasta que, otra vez te recuerdo. Y ahí estás de nuevo, un poco más chiquita, es cierto, pero viva y empapada.

¿Te agarró la lluvia? Dicen que va a llover tres días seguidos esta vez. Yo digo que no, que mañana tenemos sol, vas a ver…y abajo del sol vos vibrás diferente, te conozco bastante y sé que, aunque quieras disimularlo, te gusta. Lo disfrutás. Se te borran las arrugas y tu espalda se levanta junto con tus ojos 

¿O con los mios? No sé, es lo mismo, pero a veces me confundo.

¿Viste como te creció el pelo? No era así hace un tiempo, pero ahora lo tenés…no se…¿vibrante?

Yo se que te gusta que te hable, a mi no me gusta hablarte. Prefiero hacer de cuenta que te fuiste, todas las veces que puedo.

Si dejás de esconderte y me hablás vos, seguramente vamos a poder salir al sol juntas. Vos y yo, y alguna más…

Yo se que no querés, pero dale, vamos…

No te suelto hasta que sonrías y bailes.

¿Te acordás del caracol del otro día? Bajaba despacio por la pared. Iba hacia abajo, hacia el agua, al fondo. A veces, es necesario bajar, aunque sea despacio. O mejor dicho, hay que hacerlo lentamente.

Pero yo creo que ya está, ahora venís en subida, me parece que deberías ir más lento quizás, así transpiras menos.

Mañana va a salir el sol, lo prometo. Y si, por esas cosas, se le ocurre esconderse detrás de la tormenta, yo voy a hacer un sol para vos. Lo voy a dibujar con sonrisas, palabras, silencios, velas, flores y sahumerios.

No te preocupes por mi pie, de eso me encargo yo, que ya soy grande.

Ahora descansá porque mañana te voy a dibujar una sonrisa caliente en el rostro y te voy a fabricar un barquito de papel con una hoja de una revista vieja pero linda.

Se siente bien así, ¿no? Lo sé… yo también estoy sonriendo de sólo pensarlo.

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