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Mostrando las entradas de junio, 2025

Nuestra muerte

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  Estoy segura de que era en el futuro, porque algunas personas que hoy son jóvenes no lo eran tanto. Pero yo sentía que era hoy. No recuerdo bien cuál fue la primera imagen, pero sí haberte visto vivo unas dos veces y luego ya no. En una cama, en un recuerdo, con una bata. Tu cara era la misma pero era otra, tenía otra paz. Yo no sabía que te morías, pero vos sí. Habías tenido cancer y no me lo dijiste. Y yo todavía sentía esa bronca en el corazón que me nublaba las palabras y los recuerdos, que una vez entró en mi y nunca se había ido. De repente estaba él también ahí, tomando el lugar que una vez había sido mío. Le hice preguntas incómodas mientras todos me miraban con desaprobación. Igual insistí: ¿Qué clase de persona sos, sabías que estaba casado? ¿No te importó mi existencia? Lo raro, acá, es que estaba tu familia, tu mamá, tu hermana, nuestra hija. Pero nadie parecía llorar ni sufrir. La única era yo. Que, aunque tampoco lloraba me sentía desolada, sola, vacía y c...

Una vez tuve un reino

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Sobre una colina de roca y arcilla existía un imponente castillo hecho también de roca, cada una labrada con escenas de nuestra historia. Podías leer cada parte de mi creación en mi templo. Aunque, viajero, te advierto que no es una tarea fácil. Es posible que encuentres tu propio reino. Desde una de mis enormes galerías podía ver el sol al amanecer iluminando cada una de las laderas de las montañas que rodeaban mis tierras. Una brisa fresca y suave movía mis cabellos adornados con flores y piedras preciosas y mis túnicas livianas y casi transparentes. Sobre mis brazos desnudos y mi cuello esbelto sentía ese primer calor del día. Allí el cielo era más azul, mas claro, mas cercano. Debajo, en el llano estaba mi pueblo. Hombres y mujeres felices que también se detenían al amanecer con la mirada posada en el sol, sus rostros preparados para recibir las bendiciones de ese nuevo día que comenzaba a empujarnos a todos hacia la cosecha, hacia las tareas, hacia los animales. Yo, desde ...

3500 años

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Una noche tuve un sueño. Soñé que una voz suave me decía, un poco divertida y un poco seria, que ya hacía 3500 años que estaba en la tierra. Y me mostraba una sensación de paz en el corazón que me envolvía completamente el cuerpo, y mi alma se sentía en reposo, en calma, tranquila. En un destello de pensamientos vi pasar frente a mis ojos muchas vidas, muchas muertes, muchos dolores, muchas tristezas, muchas alegrías. Fue un destello simultáneo de todo a la vez, y todas las emociones se instalaron en mí indistinguibles una de la otra. Me desperté, aunque ya estaba despierta, abrí los ojos buscando en mi interior esa información que no era nueva para mí pero que se había renovado, iluminando partes oscuras y desconocidas de mi alma. Sentí una inmensidad tremenda en mi corazón, una sensación de amor y desapego por mi propia vida, por mi propia muerte, por mi existencia. ¿Qué significa este sueño no tan sueño? ¿Para qué estoy jugando un juego que ya jugué tantas veces? ¿De qué...

Dicen que hay cierta clase de pájaros

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  Dicen que hay cierta clase de pájaros, que cuando ven destrozado su nido, se precipitan al abismo porque no pueden soportar el dolor. Así, con la mirada fija en el desastre se rompen por dentro y la ceguera los invade de tal manera, que lo único que existe es el nido que perdió y que no concibe en otro lugar, en otra ladera, en otra montaña. Y pierde de vista la belleza del paisaje y la oportunidad de volver a crear uno nuevo, distinto, con otras ramas y otras hojas, quizás más cálido, mas seguro, mas propio. Y sus huevos caídos entre las grietas, quizás aún con vida, quedan postergados también por la mirada fija sobre las ramas viejas y rotas que ya no abrigan, que ya no cuidan, que ya no existen. Ese era su nido, era el lugar en el que se pensaba y se cobijaba y en el que había decidido morir un día. Pero ya no estaba, y lo único que podía saber era que le daba lo mismo la muerte que la vida. Y elegía la muerte, el abismo, la sangre. El fin. No era una elección sincer...

Elijo el amor, también para mí

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  No era un ángel, pero parecía serlo. Tenía una presencia mucho más fuerte, más decidida, casi más humana que los ángeles que había visto, aunque no era humano y nunca lo había sido. Parecía masculino, pero hablaba con la dulzura de una madre. Sus palabras resonaban como un eco en la cabeza de ella, que se empecinaba en discutirse, discutirle y sostener a toda costa aquellas ideas encerradas o encerradoras por que sí, por capricho, por costumbre. -Yo entiendo todo, dijo ella, enojada, con la cara cerrada y los labios apretados. -Igual no estoy de acuerdo- -¿Con qué no estás de acuerdo? Preguntaba este ser no ángel usando una voz masculina y maternal, pero cansada de contestar tantas veces las mismas preguntas. En su tono se notaba el agotamiento de la misma explicación repetida cientos de veces de mil maneras distintas. -Podría haber sido distinto, aunque entiendo que fue de la mejor manera. Podría haberse dado cuenta al menos del daño que provocaba, podría haberse disculpad...