Elijo el amor, también para mí

 




No era un ángel, pero parecía serlo. Tenía una presencia mucho más fuerte, más decidida, casi más humana que los ángeles que había visto, aunque no era humano y nunca lo había sido. Parecía masculino, pero hablaba con la dulzura de una madre. Sus palabras resonaban como un eco en la cabeza de ella, que se empecinaba en discutirse, discutirle y sostener a toda costa aquellas ideas encerradas o encerradoras por que sí, por capricho, por costumbre.

-Yo entiendo todo, dijo ella, enojada, con la cara cerrada y los labios apretados. -Igual no estoy de acuerdo-

-¿Con qué no estás de acuerdo? Preguntaba este ser no ángel usando una voz masculina y maternal, pero cansada de contestar tantas veces las mismas preguntas. En su tono se notaba el agotamiento de la misma explicación repetida cientos de veces de mil maneras distintas.

-Podría haber sido distinto, aunque entiendo que fue de la mejor manera. Podría haberse dado cuenta al menos del daño que provocaba, podría haberse disculpado, haber sido más amable, menos cruel, mas humano-. Dijo ella, y mientras decía se le armaba un nudo en la garganta que no dejaba salir el sonido con claridad y se le atragantaban las palabras en un llanto angustiado y lleno de dolor y enojo.

-¿Qué cambiaría en vos si pudiera disculparse? ¿Acaso tu ego se sentiría más tranquilo? ¿Lograría una victoria?

 Sabés que fue la mejor manera, ya sé que fue cruel, pero vos hubieras insistido y todavía estarías lamentándote, aún más, con más dolor, con más miedo. Así, es mejor. Sin nada que resolver, sin nada que analizar, solo continuar.

-Ahora vas a encontrar tu verdadera fuerza, continuó diciendo. Tenés la oportunidad de mirarte un poco más, y quizás vencer otra vez al ego, volver a guardarlo por un tiempo al menos, abrázarlo y decirle, con más fuerza, que no hace falta, que ahora vos podés. Que no necesitas esa victoria ilusoria, de fantasía. Ahora vas a tener la oportunidad de elegir nuevamente. ¿Qué vas a elegir?

>>Siempre voy a elegir el amor, le dijo. Aunque duela, aunque por dentro tenga ganas de incendiar todo, aunque tenga que hacer mucha fuerza para no destrozarlo con mis pensamientos, con mis deseos y con razón. Aunque sea más fácil soplarle la vida, aunque todo en mi cuerpo me grite que lo haga, yo elijo a Dios. El asunto, querido ser invisible, es que lo tengo que elegir a cada instante y no puedo distraerme ni un segundo, porque no respondo de mí…

>>Por más que pienso en distintas maneras no encuentro otra mejor, la verdad. Un golpe seco, mortal, inhumano. Aunque tardé en verlo completo, lo ví. Pero me cuesta aceptar que pudo matarme así, sin más, sin siquiera disculparse. También sé que ahora puedo, que antes no hubiera podido. ¡Encima eso! el momento fue perfecto, elegido, ¡sincronizado con todo lo demás! ¿De qué me quejo? ¿Por qué duele tanto? ¿Por qué no se termina este dolor?

>>Eso reclamo, te reclamo y me exijo: ¡que se termine de una vez! Que no tiene sentido, que estoy mejor ahora, que me estoy llenando, que me estoy armando, que me estoy completando, que sigo amando todavía más que antes, que veo con más claridad y que puedo agradecer la posibilidad de elegir el amor aún en el dolor, algo que era imposible para mi antes.

>>Que cada vez que agradezco, esto mismo, poder elegir, siento que la paz y una especie de armonía me invaden. Que siento que soy profundamente amada, guiada, cuidada y acompañada por tantos, que no los puedo ni nombrar.

>>Que vos también me acompañas, aunque te tenga cansado o cansada de decirme miles de veces lo mismo, agotado de mis propias explicaciones que no se por qué no me convencen o no me alivian. Decime, por favor, ¿POR QUÉ NO PUEDO DEJAR DE DOLER? ¿Qué me falta?

>>Es cierto que ahora puedo amarlo de una manera mas real, ¿pero para qué? También es cierto que no quiero amarlo de ninguna manera. Quisiera no sentir nada, ni amor ni desamor, ni nada. Pero no puedo, la tristeza me invade a cada rato y se vuelve incontrolable, las ganas de hacer y de no hacer, la necesidad de volver a ser o de empezar a ser, me siento perdida dentro mío, como si tuviera que encontrar el camino para volver a mi o al menos para encontrarme y descubrirme, nuevamente, porque ya no sé nada de mí.

>>Hace un tiempo tenía planes, proyectos. Hoy no, hoy tengo un propósito. Se siente distinto, se siente más libre, como si no tuviera que hacer nada más. Se parece a la muerte pero es otra cosa. Es como si solamente tuviera que sentarme a esperar a ver qué viene, tengo que esperar a mañana para saber que existe ese día, y ver qué hacer. Sin planes, o con el plan de ir viendo en cada instante cuál es el plan, que va cambiando con las horas. Es una sensación muy extraña como de ir llenándome de algo pero sin haber estado vacía. Como si fuera un vaso que de repente tiene más capacidad y comienza a llenarse de a poco.

>>Pero algo en mi resiste este cambio, esta sensación incómoda y lo culpa de todo al asesino, al que tiene la daga.

>>¿Por qué deseo odiarlo tanto? Si yo se que no lo odio. Pero quiero hacerlo, es como si lo necesitara….

-¿Qué pasaría si no lo odiaras? Le dijo él/ella, con gesto desafiante. ¿No tendrás miedo de odiarte a vos misma? Estás atrapada en tu propia jaula y la llave la tenés vos, nadie más. Nadie puede abrir las puertas, más que vos. Quizás del otro lado está el perdón que estás buscando, pero es el tuyo. Vos decís que elegís el amor y que es una decisión difícil, lo entiendo. Pero…¿y el amor hacia vos? ¿La compasión que te permite abrazarte así, dolorosa y sin sentido? Vos decís que elegís el amor, es fácil cuando es hacia otro, aún cuando nos hizo daño. Pero el desafío es con vos misma. Amate y vas a ver como terminas de llenarte. Entonces va a dejar de doler.

>>¿Me permitís que te lo entregue a vos? Al perdón, digo… el que necesito darle y el que necesito darme. Mirá, cuando lo pienso hay algo en mi corazón que se cierra, que no me deja acceder, ¿lo ves? Pero quiero entregártelo, ¿o no es a vos a quien debería dárselo? Quizás es a mí…me siento un poco desorientada, nunca tuve esta oportunidad y es muy irreal para mí, no sé qué hacer, cómo hacer…

>>No hagas nada. Esta noche, en sueños, soñate y soñalo. Y ahí voy a estar yo también, y te voy a guiar. Confíá, vas a ver que mañana, cuando te despiertes, todo va a ser distinto. Pero antes de dormir, quiero que llores todo lo que puedas, para que sigas haciendo lugar. Y rezá por los dos, para que estos miedos y estos egoísmos puedan transformarse en amor sincero y libre.

Yo voy a seguir a tu lado, hasta que estés bien, completa y segura nuevamente.

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