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Mostrando las entradas de abril, 2026

Un día me morí.

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  Y en esa muerte aparecieron muchos, muchas versiones mías también. Estaban todas, con todos los colores. Algunas con luz, otras con sombra, algunas felices, otras inconscientes, otras perdidas, algunas encontradas. Estaban todas. Y también estaba yo. Y ahí me miré. Muchas de esas versiones no me gustaron. Miré a cada una, detalle por detalle, los botones, los bolsillos, la ropa, los zapatos, los pies, las uñas, la mugre, los pelos, los granos. Me miré completamente. Miré la suavidad, la blancura, los dedos blancos y suaves, miré mis manos, la que da y la que recibe. Y no se por qué tuve la sensación de que una pesaba más que la otra y no pude saber cuál. En fin, me miré. Miré todas mis versiones, muertas como yo. Todas. Ninguna respiraba. Algunas tenían un aspecto un poco más andrajoso y otras estaban enteras, erguidas, orgullosas. Las miraba como quien mira un cuadro quieto, de hecho, estaban inmóviles. Parecían irreales, algunas eran opacas y otras brillantes. Todas me ...

El infierno desde adentro

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  Había dejado de mirar las pequeñas grandes cosas, tratando de mejorar lo que ya estaba bien. Me perdí en pensamientos de otros y de dolores míos. Tuve que mirar con más atención, con menos excusas lo que siempre estuvo ahí, no tan oculto como pensaba. Eran ráfagas veloces de verdades inconscientes que golpeaban la puerta de mi infierno, desde adentro. ¿Y ahora qué hago? pensé… Abrí la puerta y los saludé. -¿Cómo están? Gracias por venir, dije… Sorprendidos se miraron a los ojos sin entender la bienvenida. Claro, esperaban llantos, reproches, culpas, miedos… -¿Siempre estuvieron ahí? No son tan horribles, he visto peores, les dije. -¿De verdad les tuve miedo todo este tiempo? Ja! Me reí. -¿Cuánto hace que están llamando? Pregunté. -Pasen, les dije, ¿toman mate? Y sus rostros oscuros y su piel escamosa y negra, llena de puntas y bocas con dientes negros también, su halo de humo y mal olor, con sus cuerpos flotando en una neblina más oscura que ellos, entraron. ...

La campera blanca

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  Te veo irte, y me llevás con vos. No a mí, a esa que fui cuando estaba a tu lado. Te vas, te fuiste, y yo me voy con vos. No para acompañarte porque el viaje se terminó, sino para quedar en el camino. Mientras vamos, nos despedimos. Te agradezco, te doy la mano, te miro y empiezo a disolverme. Como en una película me desarmo despacio, desde adentro hacia los bordes, y vos, que ni cuenta te das de mi presencia, tampoco notas mi ausencia y sólo seguís caminando con una sonrisa en la cara y el cuerpo vibrante por lo nuevo, esperando lo que viene para vos. Y yo te miro desde acá, y mis pedazos que quedaron en el camino empiezan a venir hacia mí nuevamente. Se arrastran, al principio pesados y oscuros, pero cuando alguno se detiene a mirarte y entiende que vos no sabés, siquiera, de su existencia, se empieza a erguir y a tomar forma de mí. Me buscan, las espero acá con una sonrisa. Las entiendo, sé de su dolor. Quizás esperaban que las vieras, pero no lo hiciste. Quizás un abraz...