Una historia de amor sin final
Escuché sin querer una historia hace poco, la de una mujer que se transformó en luz. Había nacido hacía mucho tiempo, y durante su vida había tragado mierda, tanta pero tanta mierda que una parte de su cuerpo se había transformado en caca. Ojo, mucha de esa mierda no era de ella. Era de otros que de alguna manera se la metieron por la boca y se la hicieron tragar. Pero ella no lo supo, sólo masticó y masticó hasta que la bola se pudo digerir. Y pensó: “esto es mío, lo tomo”. Y, como se imaginarán, también solía despedir mierda de su boca. Algunas veces de ella y otras veces de otros. También la vomitaba, a veces. Y también se la comía. Lo raro es que nunca se había dado cuenta de eso. Hasta se sentía orgullosa de su podredumbre, algunas veces. Nunca se dio cuenta, en realidad, de que era eso lo que estaba comiendo. Se alimentaba sin parar de todo lo que encontraba y lo guardaba en alguna célula, en algún órgano. Era tanto que hasta comía su propio vómito. Así lo había...