Diálogo con mi ángel de la guarda

 

-Acá estamos y acá estuvimos todo el tiempo. ¿Por qué lo negás? Dijo uno de los ángeles apretando las cejas imposibles.

-No lo niego, estuve viendo cómo mientras yo dormía se ocupaban de mis cosas. Pero el dolor es demasiado fuerte y, a veces, sólo miro para adentro… Pero encontré todo en orden, todo limpio, todo perfumado. Libre y liviano como mis sueños, que también fueron con ustedes. Soñé que estábamos juntos, todos. Y sentí sus manos acariciando mi cara, y sentí sus alientos calientes cerca de mí. Olí sus perfumes y sus flores. Escuché sus palabras de amor y en todo momento sentí sus manos en las mías.  Ví los colores que me mostraron, sentí sus almas y sus palabras suaves.

No pude decirles porque estuve perdida, pero ya me encontré. Al menos un rato. Acá estoy, hablando con ustedes, preguntándoles cada tanto por qué me dejaron sola.

Fue un infierno, estuve y estoy en un lugar oscuro, pesado, denso. Llorando porque no los encuentro y me siento perdida.

Otras veces, como ahora, los vuelvo a encontrar a mi alrededor. Pero me pierdo rápido. Perdón por eso. Sólo soy una persona y a veces me olvido de todo.

De paso, me gustaría preguntarles, ¿Qué diferencia hay entre fé y esperanza? Porque siento fé, pero no tengo esperanza…o tengo esperanza pero no tengo fé. No sé cuál es la diferencia….¿podrían mostrarme?

Ellos se miraron y el más blanco, dijo:

-La fé es eso que sentís cuando, sin importar las circunstancias, sabés en el fondo de tu corazón que todo va a estar bien. La esperanza es cuando sin importar las circunstancias querés que todo sea como vos esperás. O sea, sólo va a estar todo bien si es como vos pensás. Eso es esperanza. Por eso es tan fácil desesperanzarse, porque la esperanza no va de la mano con la fé.

-Entonces, tengo fé. Dije bajando la mirada, como si sintiera culpa. Pero no tengo esperanza. Sé que todo va a estar bien, pero no de la manera que yo quisiera…¿es así?

-Sí, es así…dijeron en voz baja todos juntos, intentando esconder su tristeza…

-¿Y cómo puedo tener esperanza además de fé? Pregunté.

Digo, a Dios, ¿le da lo mismo? ¿Cómo sé que Dios me escucha si no me responde? ¿Cómo sé que me escucha si no me concede lo que yo pido? Si lo que pido es tan importante para mí y no lo recibo ¿Cómo creer?

-Eso es fé….él está siempre atento a vos, pero no te va dar todo lo que le pedís, no funciona así…

-¿Y cómo funciona entonces?  Supongamos que me estoy rompiendo y le pido algo para que eso no pase, y no me lo da, ¿es porque no tengo fé?

-No te lo da porque no es parte del plan…es imposible para vos entenderlo, no lo intentes…sólo vas a sufrir un dolor aún mayor.

-Pero me rompo y siento que no le importa, me parto en mil pedazos y él no lo ve…

-Sí lo ve, lo sabe y por eso estamos acá. Él nos pidió especialmente que no te dejemos sola, que nos ocupemos de tus cosas y tus perfumes, hasta que puedas hacerlo vos.

-Pero yo no quiero hacerlo más…¿Y si les pido que me lleven a casa con él?

-No es momento todavía. Tenés mucho que aprender todavía…. Nosotros nos vamos a quedar acá, para vos, hasta que vos puedas.

-No quiero poder, no quiero hacer nada de eso que me dicen. Estoy cansada y necesito descansar. Estoy enojada y sólo quiero dormir hasta que todo sea hermoso nuevamente, hasta que todo pase y no sentir nada más.

Un día pedí sentir, no hace mucho. Y un poco se burlaron de mí, ¿Se acuerdan? Yo sí.  Pero ahora, quisiera deshacerme de todo lo que habita hoy en mi interior, soltar toda la mierda y el olor a podrido y a mugre que me habita, sacarme las espadas y los clavos de mi cuerpo y expulsar hacia otra galaxia todo lo que en este momento vive en mí. Volver a sentir la paz de estar en casa.

Un poco gritando y un poco llorando, dije…

-Yo sé, porque lo siento, que están conmigo. Yo sé, que estoy en sus manos, que son amorosas y compasivas, generosas y sanadoras. Yo sé que no estoy sola. Yo sé que hoy, en este momento, estoy completamente entregada y rendida a vos, amado Dios. Y también sé que mas allá de mi fé o de mi falta de esperanza, todo es perfecto.

Sé que mis dudas son perfectas, que no entiendo todo lo que no entiendo y que está bien así, que no quiero todo lo que no quiero, y que así está bien también.

Busco en mi corazón las respuestas que necesito, y no encuentro nada.

¿Cuál es la diferencia entre orar y no orar? No puedo entender, si siempre estamos en tus manos y todo es perfecto. ¿Qué cambia mi oración? Sin embargo, sigo orando. Pidiendo y agradeciendo.

¡Qué vergüenza me da pedir! ¿Quién soy yo para que vos me escuches?

Y sé la respuesta, gracias. No me la digas más.

Voy y vengo entre la fé y la desesperanza, en un diálogo interno perverso de dudas y desconfianzas, sin certezas, sin respuestas. Sólo esperar, sin saber en ningún momento cómo seguir o al menos si seguir.

Una guerrera maravillosa soy…¿no?

Ellos me miraron serios y pusieron en mí una luz blanca brillante sobre el corazón. Acá está tu vida, me dijeron. Y a pesar de la desesperanza sentí un gran calor en el cuerpo, una sensación de plenitud con un hermoso perfume a jazmines que escapaba de todos mis poros.

Una guerrera no gana todas las batallas, pero las enfrenta. Una guerrera nunca sabe lo que va a pasar, se entrega al resultado confiando en su victoria. Una gran guerrera se entrega a la pelea con amor y con corazón, con coraje. Y sabe guiar a otros también. Una guerrera da pelea cuando hace falta y lleva su nombre grabado en el corazón de los otros, los que la siguen.

Sos maravillosa pero no sos perfecta. Sos una guerrera maravillosa pero no sos perfecta. No todas las batallas son para pelearlas. No todas son batallas. A veces, las grandes guerreras, sólo reposan y oran, sabiendo que la gran victoria siempre está al final. Y a veces, las grandes guerreras dejan de pelear y sólo se entregan a su destino.

Sos una guerrera maravillosa, esta vez sólo te estás rindiendo porque sabés, en tu corazón, que no hay ninguna guerra que pelear. Es momento de reposar. Y acá estamos nosotros para sostenerte si no podés resistirlo. Aunque no nos veas, aunque no nos sientas, si no nos escuchás, no te preocupes y confiá en que somos aquellos que hoy te circundan y te protegen, incluso de vos misma.

 

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