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Mostrando las entradas de abril, 2024

Los que quedamos

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  A veces, los que quedamos no nos queremos quedar. A veces, también preferiríamos irnos. A veces el dolor es tan grande que no miramos a los que nos quedamos sino que sólo podemos mirar a quien se fue. Eso puede durar mucho tiempo, o todo el tiempo. Me pregunto ¿por qué? ¿Por qué queremos irnos? ¿En qué momento la vida pierde el sentido? ¿En qué momento se vive a pesar de los que se fueron en lugar de por ellos? O por uno mismo… ¿Cuándo dejamos de vivir? No creo que ocurra cuando dejamos de respirar, no. Mucho menos cuando otro lo hace. Es una buena excusa quizás, pero no es ahí. No niego el dolor, no niego la ausencia ni el vacío de la despedida. No niego la muerte interna de cada célula y de cada gota de sangre, la tristeza profunda del vacío que nos dejan quienes nos llenaban. Pero la vida, me pregunto, ¿Cuándo se termina? ¿Se termina? Tengo más miedo de quedarme que de ser quien se va. ¿Te pasa lo mismo? ¿Estoy viva? Me pregunto, y ahí no tengo respuesta. Segur...

Nuestra historia, una parte

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  Me preguntó varias veces si estaba segura. La verdad, no lo estaba tanto. A veces saber demasiado duele y a veces, también, no sé qué hacer con ese dolor, que además no es mío y a la vez, sí lo es, porque lo fue una vez en otro cuerpo. Un poco por curiosidad y un poco por entender lo que me estaba pasando, le pedí que me cuente algo, lo que pueda, lo que me sirva, lo que me sea útil. Como siempre sus palabras no tienen sonido, se limitó a mostrarme imágenes de otros tiempos en los que nos veo corriendo descalzos, él lleva en la mano izquierda un palo largo adornado con plumas y telas de colores, algunas garras y algunos dientes de animales. En su mano derecha, la mía. Yo llevo algo en mi cintura, como una tela marrón, deshilachada, corta. Mi cara pintada y unos adornos en la cabeza, plumas, flores. Tengo algo así como trenzas, aunque también tengo el pelo suelto. Mi cabello es grueso y negro, mi piel oscura. Mi boca es gruesa y mis ojos son achinados, puedo ver mi mirada, es de e...

Yo te elijo

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  Ayer a la noche te fuiste sin despedirte. Fue una noche como todas las noches, no hubo nada distinto, el saludo, el beso y hasta mañana.  Pero no volviste, al menos no de la manera que eras hasta anoche. ¿Por qué no me avisaste que te ibas? Te hubiera dado un mejor abrazo, uno más fuerte, uno mas apretado. Unos cuantos besos más, unas caricias, me hubiera quedado despierta para mirarte respirar un rato, quizás todo el rato. Te hubiera dicho más cosas de las de siempre, o quizás no te hubiera dicho nada. ¿Por qué no me dijiste? Me hubieras dicho, capaz que me acostaba a tu lado un rato, para sentirte respirar y quizás, hubiera entrado en tu corazón despacio, para apurarlo cuando hizo falta. ¿Vos lo sabías? Quizás sí…por eso el beso, por eso el saludo, por eso le diste de comer a los perros. Quizás por eso apagaste la tele y te quedaste un rato conmigo en la cocina mirándome con cara de tonto. ¿Por eso lavaste los platos? ¡¡Que guacho!! Así no vale, nunca lo hacías. Se l...

Mi encuentro con Cuautemoc

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  “No pienso trabajar con vos hasta que confíes” me dijo sin emitir ningún sonido y se fue dándome la espalda. Me quedé asombrada, nunca había tenido un guía que me diera la espalda. Tenía mucho que aprender evidentemente. Durante unos días me debatí entre seguir insistiendo con él, o dejarlo ir, o confiar andá a saber en qué o en quién. ¿Tenía que confiar en él? ¿En mí? ¿Sólo confiar? Lo consulté con todos los que pude consultar que pudieran entender mi dilema, que en realidad no era casi nadie. Las cartas, mis compasivos y amorosos animales de poder, otros guías…todos me decían que sí, que así estaba bien, que era mi guía también. Pero yo dudaba…si era mi guía, ¿por qué no me guiaba? O sea, no se…si yo fuera guía seguro encontraría una manera más amorosa de que confíen en mí o en sí mismos… Eso, la verdad, ahora que lo escribo, me genera muchas dudas. No lo logro ahora, ¿por qué lo haría después? La primera vez que lo vi fue durante una ceremonia en la que, supuest...

ilusiones y realidades

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¡Ay, querida! Si fuera tan fácil no tendría sentido. Dijo el viejo, alejándose con una sonrisa sin dientes, bastante encorvado y apoyado en un bastón viejo, su cuerpo gastado y chiquito, como empequeñecido por los años y los dolores antiguos, pero ya sin pesos colgados de su espalda huesuda, aunque fuerte todavía. Se lo veía liviano, como flotando en sabiduría, todavía podía darse el gusto de divertirse conmigo, o de mi. Se alejó sin darme ninguna respuesta, escuché su risa unos metros más allá mientras se iba despacio, desparramando inocencia atendiendo fuertemente a los desniveles de suelo para no caerse, otra vez. Y yo me quedé parada un rato con cara de sorpresa inanimada, con la boca abierta invitando al aire a entrar otra vez, sin respirar de la indignación. Así cualquiera es sabio , dije en voz baja. Siempre la misma respuesta, siempre la misma sonrisa cómplice del universo, como quien guarda un secreto que todos conocen pero que no saben. Otra vez me dejaba sin respuesta. Siem...

Autobiografía

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  Me pidieron una autobiografía…. ¡Qué difícil! ¿Se trata de mí o se trata de vos? ¿Escribo para vos? ¿Lo que te gustaría saber, lo que te parece interesante? ¿Escribo sobre mis logros para inspirarte? ¿Sobre mis fracasos para que no te juzgues? ¿O para que te juzgues menos reconociéndote como persona común? ¿Para que me comprendas y te compadezcas de mí? ¿para que te comprendas y te compadezcas de vos? Me niego, aunque sé que de todas maneras lo vas a hacer. ¿Escribo para mí? ¿sobre lo que me gusta? ¿Sobre lo que tengo o lo que me falta? Si es que eso pudiera ser…tener…faltar… Pero, si escribo es para que lo leas, sino pierde el sentido. ¿Cuál es el sentido de escribir si nadie lo lee? Entonces, escribo para vos, pero oculto detrás de mis palabras, quizás un poco torpemente, lo que escribo para mí. ¿Podrás darte cuenta? Espero que no, así tomás como propio este texto y te reflejás en él. Al menos, hasta que termines de leerlo. Voy a empezar diciendo de mí...