Yo te elijo
¿Por qué no me avisaste que te ibas? Te hubiera
dado un mejor abrazo, uno más fuerte, uno mas apretado. Unos cuantos besos más,
unas caricias, me hubiera quedado despierta para mirarte respirar un rato,
quizás todo el rato. Te hubiera dicho más cosas de las de siempre, o quizás no
te hubiera dicho nada.
¿Por qué no me dijiste? Me hubieras dicho,
capaz que me acostaba a tu lado un rato, para sentirte respirar y quizás,
hubiera entrado en tu corazón despacio, para apurarlo cuando hizo falta.
¿Vos lo sabías? Quizás sí…por eso el beso, por
eso el saludo, por eso le diste de comer a los perros. Quizás por eso apagaste
la tele y te quedaste un rato conmigo en la cocina mirándome con cara de tonto.
¿Por eso lavaste los platos? ¡¡Que guacho!! Así no vale, nunca lo hacías. Se
largó a llover y fuimos corriendo a entrar la ropa, tendría que haber
sospechado algo, ¿no?
Tendría que haberme dado cuenta del silencio,
del perfume de tu ropa, del cepillo de dientes en su lugar. De la toalla mojada
extendida, de los zapatos guardados, de las llaves colgadas en el llavero, de
tu mirada sobre mí, del abrazo inesperado y la risa cómplice.
No me había dado cuenta de que se secaron las
rosas y se pudrieron los jazmines. ¿Cuándo pasó? ¿Ayer también?
¿Y yo, dónde estaba?
Te fuiste, así nomás, sin explicación, sin tanto drama, sin nada.
Sin mí.
Me dejaste abierta y explotando desde adentro, me dejaste derramada sobre la tierra mojada de mi propio llanto, me quedé hundiéndome en el barro descompuesto lleno de tu sangre que calienta mis entrañas pero ya no más las tuyas.
Se secaron, rápido, ayer.
Un poco enojada estoy por no haberme dado
cuenta, ¿por qué no te miré mejor? ¿Hubiera podido verlo? ¿Y vos, lo viste? Quizás
me lo dijiste y no lo escuché…es que si hubiera sabido hubiera orientado todas
mis antenas hacia vos, todos mis sentidos te hubieran recorrido completo, por
dentro y por fuera, en todas direcciones y en todos los tiempos.
Me dejaste, así nomás, sin explicación, sin tanto drama, sin nada.
Sin vos.
Si hubiera visto las rosas…si me hubiera dado cuenta
de la lluvia…si hubiera escuchado el silencio.
Te fuiste, ayer. Después de tantas vidas
compartidas, después de tantas risas, tantos mates, tantos enojos, tantas alegrías.
Tantas noches y tantos días juntos. A pesar
de tantas promesas, tantos proyectos, tantos planes.
¿Y ahora? ¡¿Qué hago con todos estos vacíos!? ¿Adónde
los meto? ¿A quién se los doy?
Me rompo, lentamente. Me miro caer despacio, sin
forma. Me hundo. Me desarmo. Dejo de existir.
Y pienso que quizás, en unos años, me vuelva a
armar. Y pienso que quizás, algún día vuelva a existir.
Y pienso que, si esto lo acordamos antes de
venir, si estuvimos de acuerdo en que te ibas a ir antes que yo sin avisarme,
si estuvimos de acuerdo en el dolor que ahora siento, y si el precio de haberte
conocido fue este, lo acepto. Acepto morirme acá, así, ahora, y seguir viviendo
después.
Estar muerta un rato no se compara con haber estado viva tanto tiempo.
Sé que, si acordamos separarnos ahora, es porque
sabemos que nos vamos a encontrar luego.
Y así, rota completamente, seca y podrida,
espero el reencuentro.
Pero sé, estoy completamente segura, sin
ninguna duda, de que a pesar del dolor que hoy me revienta, volvería a elegirte,
aunque sea por un momento.
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