Yo te elijo

 




Ayer a la noche te fuiste sin despedirte. Fue una noche como todas las noches, no hubo nada distinto, el saludo, el beso y hasta mañana. 
Pero no volviste, al menos no de la manera que eras hasta anoche.

¿Por qué no me avisaste que te ibas? Te hubiera dado un mejor abrazo, uno más fuerte, uno mas apretado. Unos cuantos besos más, unas caricias, me hubiera quedado despierta para mirarte respirar un rato, quizás todo el rato. Te hubiera dicho más cosas de las de siempre, o quizás no te hubiera dicho nada.

¿Por qué no me dijiste? Me hubieras dicho, capaz que me acostaba a tu lado un rato, para sentirte respirar y quizás, hubiera entrado en tu corazón despacio, para apurarlo cuando hizo falta.

¿Vos lo sabías? Quizás sí…por eso el beso, por eso el saludo, por eso le diste de comer a los perros. Quizás por eso apagaste la tele y te quedaste un rato conmigo en la cocina mirándome con cara de tonto. ¿Por eso lavaste los platos? ¡¡Que guacho!! Así no vale, nunca lo hacías. Se largó a llover y fuimos corriendo a entrar la ropa, tendría que haber sospechado algo, ¿no?

Tendría que haberme dado cuenta del silencio, del perfume de tu ropa, del cepillo de dientes en su lugar. De la toalla mojada extendida, de los zapatos guardados, de las llaves colgadas en el llavero, de tu mirada sobre mí, del abrazo inesperado y la risa cómplice.

No me había dado cuenta de que se secaron las rosas y se pudrieron los jazmines. ¿Cuándo pasó? ¿Ayer también?

¿Y yo, dónde estaba?

Te fuiste, así nomás, sin explicación, sin tanto drama, sin nada. 

Sin mí.

Me dejaste abierta y explotando desde adentro, me dejaste derramada sobre la tierra mojada de mi propio llanto, me quedé hundiéndome en el barro descompuesto lleno de tu sangre que calienta mis entrañas pero ya no más las tuyas. 

Se secaron, rápido, ayer.

Un poco enojada estoy por no haberme dado cuenta, ¿por qué no te miré mejor? ¿Hubiera podido verlo? ¿Y vos, lo viste? Quizás me lo dijiste y no lo escuché…es que si hubiera sabido hubiera orientado todas mis antenas hacia vos, todos mis sentidos te hubieran recorrido completo, por dentro y por fuera, en todas direcciones y en todos los tiempos.

Me dejaste, así nomás, sin explicación, sin tanto drama, sin nada. 

Sin vos.

Si hubiera visto las rosas…si me hubiera dado cuenta de la lluvia…si hubiera escuchado el silencio.

Te fuiste, ayer. Después de tantas vidas compartidas, después de tantas risas, tantos mates, tantos enojos, tantas alegrías. Tantas noches  y tantos días juntos. A pesar de tantas promesas, tantos proyectos, tantos planes.


Me dejaste, ayer. Antes de tantas risas, tantos mates, tantos enojos, tantas alegrías. Antes de que yo me vaya. 

Antes de decirme que te ibas.

¿Y ahora? ¡¿Qué hago con todos estos vacíos!? ¿Adónde los meto? ¿A quién se los doy?

Me rompo, lentamente. Me miro caer despacio, sin forma. Me hundo. Me desarmo. Dejo de existir.

Y pienso que quizás, en unos años, me vuelva a armar. Y pienso que quizás, algún día vuelva a existir.

Y pienso que, si esto lo acordamos antes de venir, si estuvimos de acuerdo en que te ibas a ir antes que yo sin avisarme, si estuvimos de acuerdo en el dolor que ahora siento, y si el precio de haberte conocido fue este, lo acepto. Acepto morirme acá, así, ahora, y seguir viviendo después.

Estar muerta un rato no se compara con haber estado viva tanto tiempo. 

Sé que, si acordamos separarnos ahora, es porque sabemos que nos vamos a encontrar luego.

Y así, rota completamente, seca y podrida, espero el reencuentro.

Pero sé, estoy completamente segura, sin ninguna duda, de que a pesar del dolor que hoy me revienta, volvería a elegirte, aunque sea por un momento.

 

 

 

 

 

 

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