Ellos y yo
Te voy a contar un secreto: viven en vos.
¿Viste cuando sentís esa añoranza por ese lugar
que no conocés y nunca conociste? Esa sensación de querer volver a esos
paisajes, como si pertenecieras ahí, pero vos sos de acá….son ellos los que
extrañan…
¿Te acordás del día que probaste la comida
tradicional de ese país en un restaurante que encontraste como si lo buscaras?
Ellos te llevaron…
El otro día viste una película en otro idioma,
y te sonaba hermoso, armonioso, casi que lo podías entender…¿Te acordás? Bueno,
es su lengua.
¿Conocés el olor de algunas plantas que nunca
viste?
¿Identificás el canto de pájaros que no habitan
tu tierra?
¿Viste el alba y dormiste frente a una fogata
en tus sueños?
Nunca trabajaste la tierra pero sabes usar una
pala, una azada y otras herramientas, que aunque no sepas qué son, sabés qué
son…
Vivís preparado para una guerra que nunca va a
suceder.
Tenés miedo a la oscuridad, a la luz, a algunos
ruidos, a algunos bichos o animales. Tenés miedo de ser feliz, de ser
abundante, de ganar….te sentís en falta si lo hacés…
Sos valiente frente a situaciones en las que
otros se desesperan, mantenés vínculos maravillosos con algunas personas y
terribles con otras, sin ninguna razón.
Te la pasás buscando el origen de tus fobias y
tus bloqueos, sin saber que muchos de ellos los heredaste, están en tu sangre,
vinieron con la vida.
Vas por la vida con la sensación dolorosa de
estar solo y no pertenecer a ningún lado, te sentís rechazado, ajeno a un grupo
de personas que no conocés y que no te conocen. Andás buscándolos como si se
perteneciesen…pero no sabés a quienes buscás…
Si cerrás los ojos los podés sentir fluyendo en
tu sangre, llenando tus pulmones, podés ver sus rostros difusos frente a tu cara,
si querés, podés encontrar sus marcas en tu piel, ese lunar, la forma de los
dedos de los pies, las uñas, el color de ojos, el color de piel, la forma y la ubicación
de las arrugas…
Viven en vos y también en mí. Si querés saber
cómo fueron, qué vivieron, qué sufrieron, qué los hizo felices… mírate mejor,
más de cerca, más….
No tomes su sufrimiento, tomá su aprendizaje. No
tomes sus dolores y frustraciones, quédate con sus victorias.
Dejales un lugar especial en tu corazón, no
importan sus nombres, ni sus caras, ni siquiera importa si los conociste, ellos
habitan en vos. En tu voz, en tu cuerpo, en tu alma.
Te hablan todo el tiempo, en especial cuando
ves una foto vieja. ¿Te diste cuenta de que te la quedás mirando fijamente como
queriendo que te hable, que te explique?
Siempre queremos pertenecer, volver a ellos, y
ellos quieren volver a nosotros. Pero ellos tuvieron sus destinos y lo saben, y
nosotros también lo sabemos, sólo quieren que les demos un lugar privilegiado y
agradecido en nosotros, que reconozcamos su herencia y así ellos nos
reconocerán a nosotros también, nos acogerán en sus corazones y volveremos a
sentirnos parte de ellos. No a “ser parte”, ese derecho siempre estuvo, sólo
nos sentimos ajenos, de la misma forma que nuestro hígado forma parte nuestra, lo
sepa o no.
Es inevitable que seamos ellos también, pero es
imprescindible que seamos nosotros. Agradecer lo que recibimos, sea lo que sea,
y capitalizar sus aprendizajes para ser aquello que deseamos ser.
A veces, los siento latir en mi corazón. Y es
hermoso. Gracias por la vida.
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