Regresión (4)

 Hostil. No sé para que vine, si hubiera sabido no hubiera venido. Me arrepiento, antes de haber llegado me di cuenta de que no quería estar acá. Pero ya vine, aunque no confío en estas personas, me quedo. No me interesa, no estoy dispuesta.

Estoy enojada, no sé a qué vine, la verdad. ¡Maldición! ¡Me quiero ir! ¿Podré levantarme de esta silla maldita y salir de la mirada de todos estos presentes que no me conocen ni les importa nada de mí?

¡Uf! Tiemblo un poco, se me nota algo…lo oculto atrás de mi mirada esquiva y enojada, para que no intentes, siquiera, verme.

¡¿Para qué vine?! ¡¿Qué quieren de mí?!

No necesito nada, yo estoy bien. Yo supe siempre alejarme de todo lo que me hacia mal, yo puedo hacerlo sola. Mi fuerza y mi orgullo son más poderosos que mi corazón, del que no sé nada desde hace mucho.

Yo sé lo que hago, yo sé lo que necesito y lo que quiero, no sé qué querés saber de mí. Tengo lo que me merezco y me merezco lo que tengo y punto, no hay nada más que decir. Creo que mejor me voy…pero me quedo…

Un poco me aflojo y aunque estoy bien así, me entrego a una experiencia distinta, al menos un rato. Intentemos sacar de mi interior este cactus profundo y espinoso que vos decís que tengo alojado en lo profundo de mi yo, controlado perfectamente por mi dragón interno, atento vigilante de mis tránsitos por la vida.

Veo mis ramas y observo que en cada una vive también el cactus, y me pregunto si será posible que se marchiten junto con el mío. Aunque, confieso, no me importa. Si yo pude despertar a mi dragón los demás también pueden hacerlo.

Desconfiada me entrego un poco, no mucho, apenas…por las dudas…¡A ver si todavía mi dragón se vuelve en mi contra y prende fuego todo el lugar! No le saco los grilletes pero le aflojo un poco las cadenas, para que pueda simular un vuelo pero sin alejarse demasiado.

Entendiste. No existe tal cactus, ¿viste que te dije? Nos encontramos un breve instante en el que nos permitimos intercambiar algunas palabras, pero me dejaste ir en mi paz, gracias por eso.

Yo no necesito nada, ya te lo dije, aunque tengo que confesar que ahora, mi luz, es más intensa.

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