Corazón descongelado
En el fondo de la casa
me esperaste,
en las plantas del antiguo jardín
de en frente
me enterraste.
Me doliste, con vos me fui
varias veces sin saberlo,
y tardé en volver
una vida, la mía.
Así te veo,
un ángel negro
con alas azules
y cara de miedo.
Así me veo,
un gusano de tierra
con patas traseras
y corazón de piedra
¿Qué te llevaste?
¿Qué me robaste?
¿Qué me quedó?
El aire, las nubes,
el agua, la tierra,
el fuego.
Una brisa apenas, un sol cubierto,
agua tibia y salada, barro en los pies,
una cerilla húmeda.
Sin vida. Sin respiración.
Un traje plateado claro, de lata,
de cobre, de plomo, de plata.
Cerrado, cerrado. Sellado.
Y ahora tenés alas, vos.
Pero yo no.
Yo te dí las mías.
El traje de lata
se abre lento, despacio,
se desgarra desde adentro
sin alas, pero con vida.
Respiro un poco. Despacio.
Un cuerpo sin fuerza,
un corazón roto,
una vida de encuentro,
una vida buscándote.
Te encontré mil veces,
pero no eras vos.
Este sí sos, ahora, con alas.
Esta sí soy yo, ahora, con vida.
Me morí con vos, y no me di cuenta.
Te moriste sin mí, y
quisiste decirme,
pero el miedo me hundió
tan profundo que no pude salir
nunca más.
Ya no miedo.
Ya no barro.
Ya no nubes
Ya no pasado.
Ahora sí vida
aire, tierra y cielo
agua y respiración.
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