Mi bello Gaspar

 



A veces te miro y te siento adentro mío.

¿Quién sos? ¿Por qué nos metemos uno adentro del otro?

Cuando te conocí sentí tan profundamente tu dolor que fue mío, tan desgarrado tu corazón y tu cuerpo que me dolía el mío.

Tus largas horas recostado inmóvil, hablando sólo cuando pasaba a tu lado, como queriendo mostrar que estabas vivo ahí, en el sillón, adonde te pusimos.

De alguna manera comprendo tus sonidos y sé que vos comprendés los míos. En tus ojos casi amarillos y tu naríz fría encuentro ese abrazo del alma que necesito casi siempre de vos.

Intento repararte, limpiar tu corazón herido y volverlo a iniciar, para que olvides los viejos maltratos y los momentos tristes, el abandono, el dolor de dejar de ser.

Si pudiera borraría todo de tu alma para llenarla de luces de colores, de pelotitas y de pompones, de besos y de abrazos calientes y largos, de frazadas y mantas abrigadas, de gente hermosa y niños risueños y felices, de largas caminatas y música tranquila.

Me gustaría llenar tu corazón del amor más puro y sincero, de lágrimas de consuelo que, ojalá pudiera llorarlas yo en vez de vos, y limpiarte, para que vuelvas a ser feliz o que empieces a serlo.

Sé, porque me lo decís, que estás mejor, que a veces jugás, que a veces estás bien. Pero también sé, porque entro en vos, que otras veces estás cansado y no tenés ganas de estar, que sólo querés dormir y soñar con alguien a quien extrañas.

A veces, también me visitas a mi en sueños. Creo que me extrañas como yo te extraño, y necesitás saber que estoy bien.

Si pudiera llevarte al cielo en una nube rosa y dejarte correr libre de todo ese dolor que te arrastra hacia abajo, lo haría.

Si pudiera, te llenaría de algodón suave y perfumado, para que todo lo viejo se empape de mi alma y fueras capaz de dejar ir el plomo y la sangre contaminada con tristeza.

Si pudieras entender lo que yo te amo, quizás, tal vez, podrías sentir el cielo sin esperar nada más que celeste y sol. Quizás podrías dejar de buscar en la basura y encontrarte en el reino que es tuyo, para siempre, mientras dure nuestra vida y quizás un poco más.

Cuando entres en mí la próxima vez, buscá en mi corazón así te encontrás y quizás, tal vez, alguna de todas las heridas se cierre un poco.

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