EL VIAJE

 

El viaje

Comencé un viaje hacia adentro, uno de lo tantos, en una ruta hacia el sur del país. 

Más de 20 horas de viaje, miles de autos y miles de silencios, kilos de sol y de luna, en todos lados mis espejos y mis guías, mostrándome el camino. 

Un camino largo, sinuoso, con subidas y bajadas. El auto que resiste, que cuando quiero avanzar, parece que retrocede. Un auto que tiene miedo de salirse del borde y derrapar. Que tiene miedo a la ruta invisible delante de él, al compañero que viene de frente, por si está demasiado dormido para darse cuenta de que estamos ahí. Una luz de peligro que se enciende en medio de la nada en mi panel y la respuesta inmediata de la vida, que me pone en un camino seguro y con gente imprescindible para que continúe el viaje. 

Así, con un miedo intermitente, planeando cada caída, cada desgracia que me iba a suceder, con todas las alertas posibles que pude encontrar, dejé fluir y entregué mi vida y mi viaje al universo. 

Y entonces empecé a disfrutar el paisaje, de la ruta, de mis compañeros de viaje que iban en otros autos. Todos en la misma ruta, eligiendo las salidas adecuadas para cada uno. 

Y llegué a mi destino, que no es otra cosa que una parada en el camino, con una sensación de triunfo y victoria que me llenó el alma. 

Y agradecimiento, a todas las lunas y todos los soles, todos los viajeros, todas las estrellas y las montañas, todas las piedras y las rutas sin marcar, los autos y camiones que no me vieron pasar, a mis miedos imposibles, a  mi cuerpo, que supo reaccionar en cada momento, a mi sangre, que nunca dejó de fluir por mi cuerpo, a los ángeles que estuvieron atentos y me mostraron las señales que necesité en el momento justo. 

Y captar con mis ojos del alma cada señal, cada mensaje, cada enseñanza, cada aprendizaje. 

Y disfrutar del viaje eterno, llegar y volver a partir y así entender el ciclo continuo de mi viaje. 

Un viaje hacia adentro, que no empezó en esa ruta hacia el sur. No sé qué dejé y qué me traje, pero agradezco ambas cosas.

Nos deseo miles de viajes hacia adentro, y que en cada uno dejemos aquello que ya no nos sirve y traigamos aquello que necesitamos, que no es otra cosa que el amor de Dios.

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