Soy Perla
Soy Perla
Hoy quiero contarte un poco de mí, que seguramente
también es un poco de vos.
Me llamo Perla, aunque no soy Perla, ese es mi
nombre de nacimiento, aquel que eligieron mis padres (supongo) cuando nací. Es el
nombre de una de mis tías, esa costumbre de cargarte con las cuestiones
familiares creo que viene desde hace mucho tiempo.
En esta vida llevo vividos 52 años, pero tengo,
al menos, 5 muertes. No sé cuándo ocurrieron, pero así lo siento. Algo de mi alma
se fue perdiendo a veces, algunas de esas veces casi que las puedo revivir,
otras, quedaron guardadas a la espera de ser reveladas en algún lugar del alma.
Ella sí tiene recuerdos y memorias. Aprendí, no hace mucho, que no es lo mismo
el recuerdo que la memoria. Aunque a veces usemos esas palabras como sinónimos.
No sé si puedo explicarte la diferencia, de todas formas, vos la sabés.
Recuerdo haber buscado a Dios desde chica,
aunque mi familia no tenía ninguna religión, siempre lo busqué. Esperaba
encontrarlo en la iglesia. Pero era tanto el miedo que me daba no ser digna, no
ser buena, no ser lo que Dios quería que sea, que me alejé varias veces. En varias
iglesias, católica, evangelista, testigos de Jehová….alguna vez también asistí
a reuniones Budistas. En ninguno de esos lugares encontraba lo que mi corazón
me decía que era Dios.
Yo no entendía cómo podía ponerme condiciones
para amarme…no me parecía coherente con lo que ellos mismos decían que Dios
era. Y las personas, en esas iglesias, se llenaban la boca hablando de Dios
mientras hacían o decían cosas que, para mí, no podían venir de él.
Así estuve mucho tiempo alejada de Dios,
perdida, casi sin esperanza, con miedo y sola. Llena de vacío, llena de nada.
Intenté hacer lo que las distintas religiones
decían que había que hacer, pero no podía, de la misma manera que no puedo
sostener una dieta por mucho tiempo. 😊
Con el tiempo y con mucho esfuerzo, y con mucho
dolor en mi corazón, que ya estaba cerrado y endurecido, un corazón que no
latía, que no estaba vivo y al que no podía llegar nada ni nadie, empecé a
re-conocer a Dios. Vos quizás no me creas, pero lo ví y me abrazó. Fue de a
poco, claro. Primero me abrazaron mis hermanos del alma, los que fui
encontrando en el camino. Después me abrazaron los ríos y las montañas. De a
poco me fui dejando abrazar por el sol y la tierra, hasta que un día me abracé
yo. Todavía me cuesta un poco abrazarme, pero lo hago y ya no lo siento
horrible, puedo decirme cosas al oído del alma, puedo encender mi corazón con
un pensamiento o una palabra. Muchas veces me pregunto si soy honesta conmigo
misma o si estoy fingiendo…a veces, puedo asegurarte, que soy genuina, otras
veces, la verdad dudo de mí….¿qué me impulsa a hacer lo que hago? ¿Es mi ego? ¿Es
mi alma?
Lo que entrego, ¿desde adónde lo estoy
entregando?
Aprendí, creo, que a veces no es importante saber
desde adónde entrego lo que entrego, sino adonde me lleva, o te lleva, eso que
entregué. Quizás estas palabras son una muestra pequeña de esto, ¿no? ¿Es mi
ego el que escribe o es mi alma? ¿Quiero contarte esto para mostrarte algo mío
y vanagloriarme de eso o simplemente intento mostrarte una parte de mi alma
para que sepas que no estas solo? Contarte que por más muertes que tengas en
esta vida, por mucho que hayas buscado y no encontrado, por más iglesias a las
que hayas ido y abandonado, siempre pero siempre Dios está ahí, para abrazarte,
para meterte adentro suyo y hacerte sentir perfecto, por más horrible que te
sientas. Él no sabe de cosas horribles, o maldades, o pecados. Que palabra tan
horrible es esa. No sé bien qué significa, pero sólo pensar que ya nacimos con
pecados me hace temblar el cuerpo.
Hay cosas sagradas, lo acepto y lo vivo. Sagrados
somos todos nosotros, sagrado es el mundo en el que vivimos, sagrado es todo
aquello que respira y también lo que no respira de la manera que nosotros
entendemos la respiración. Las piedras, las nubes, el aire, el agua, el fuego. Las
plantas son sagradas. Y yo y vos somos sagrados. Somos y tenemos a Dios en
nuestro interior, ese fuego amoroso que despierta a veces en nosotros, que nos
impulsa a entregar algo nuestro compasivamente, que nos muestra el niño que
sufre en cada persona. Pero eso, sólo puede pasar si primero pudimos ver a
nuestro propio niño que sufre.
A veces miro a mi alrededor y veo tanto
sufrimiento, porque puedo ver el mío, por supuesto. A veces miro a mi alrededor
y veo tanta belleza, porque puedo ver la mía, por supuesto. Veo el hambre, de
la panza y de la otra. Veo la pobreza, veo la miseria, la indiferencia, el ego.
Pero no podría verlo si yo no tuviera todo eso, y agradezco a la vida (que
también es sagrada) por haberme matado tantas veces, que sin esas muertes hoy
no estaría viva.
De a poco me fui dando permiso para hacer cosas
que en otros momentos no hubiera hecho, como escribir, pintar, estar en
silencio, escuchar música medicina, dejarme transportar al cielo, hablar con
los ángeles, entregar mis manos para sanación, creer que todo es posible, creer
en la magia y en los milagros, saber que de la misma manera en que destruimos
todo también construimos todo. Cuando descubrí que nada me pasa, sino que las
cosas sólo pasan, me sentí fuerte y débil. Porque, cuando las cosas me pasaban,
siempre podía sufrir por eso. Ahora, que ya nada me pasa, sólo me queda elegir
qué hacer. No se “me” enfermó mi perro, se enfermó mi perro. No “me” queda
otra, siempre hay opciones. Algunas me gustan más y otras menos, pero hay. No
existe nadie que pueda quitarme lo que tengo, porque lo que tengo no tiene
dueño, es de todos, es de Dios.
Y, aunque me cuesta bastante, entendí que de
verdad somos instantes. Hay mil frases que dicen eso y las conozco desde siempre,
pero ahora es distinto. Somos instantes…no sé qué tipo de instante quiero ser,
eso no me preocupa. Sólo sé que tipo de instante soy en este instante, y hasta
ahí nomás….¡¡¡cuánto tiempo invertimos en querer ser otro!!!
Le pido a la vida (y a Dios), si es que son
distintos, que me ayuden a ver todo lo que necesito ver, no importa si duele,
mejor si duele…no quiero enojos guardados entre mis vértebras, no quiero tener silencios
en mi garganta, no quiero que se detenga mi sangre por un dolor viejo o que no me
pertenece, no quiero que los latidos de mi corazón dancen al ritmo del desamor
o del abandono, que mis manos se endurezcan por no haber dado o recibido, que
mi espalda me pese con el peso de mis ancestros o los míos propios, que yo
misma me cargué. Quisiera poder oler todos los perfumes que hoy se me esconden,
porque alguna vez seguramente olfateé algo que no me gustó y lo borré de mi
cuerpo.
No sé si estoy pidiendo demasiado, quiero ser
libre de todo. No sería honesta conmigo misma ni coherente si esperara que Dios
me liberara de todo eso, y yo esperara sentada mirando la tele que eso pase. Levantarme
un día y que ya no esté….
No, yo creo que soy yo la que tiene que
desarmar lo armado y deconstruir lo construido, sacar de a uno cada enojo de mis
vértebras y liberar hacia Dios todo el dolor de mi cuerpo, que no es otra cosa
que el dolor del alma.
No quiero decir que no pueda hacerlo él con una
palabra, pero sería demasiado fácil para mí sentarme a esperar que él haga
todo. ¿Cómo podría yo renacer si no muriera cada tanto? ¿y cómo voy a morir si
no dejo de respirar algunas veces?
No le pido eso, sólo que me acompañe, y que cada
una de mis muertes sea lo más amorosa posible para que cada renacimiento
también lo sea.
Empecé diciendo que me llamo Perla, pero no soy
Perla. No tengo ni idea de quién soy, ni tampoco ninguna esperanza de saberlo
algún día. Ojalá nunca lo sepa. Ojalá nunca sepa nada de nada así puedo
aprender algo de algo. Y aún así, ojalá que eso tampoco lo sepa, nunca. Me gustaría
ser una hoja en blanco sobre la que no se puede escribir, tener la mirada
inocente de mi perrita traviesa, la libertad de los pájaros que no tienen
pasado ni futuro, las raíces fuertes del ombú de la esquina de la casa de mis
primas, que no sólo sostenían el árbol sino que también fueron barcos en
altamar cuando nos perdíamos jugando durante horas, esas raíces que ni saben lo
que hacen, pero lo hacen.
Cuando me vaya, un día, me gustaría quedar en
el viento, en los perfumes, en la tierra. En algunos corazones durante un
tiempo, pero luego nada. Una hoja de un árbol derribada por el viento de otoño,
cayendo suavemente sobre el suelo. Quizás algún niño la levante y haga un
cuadro con ella, o una tarea para la escuela, ¡Qué hermosa imagen! Ser una hoja
seca de un árbol en una tarea escolar. ¡Me encanta!
No sé cómo termina esto, creo que recién está
empezando.
Quizás, me gustaría que me cuentes si esta
también es tu historia. Como para darle un final, o un principio, o las dos
cosas…
Derramo sobre vos y sobre mí mil bendiciones,
que nuestras vidas sean de aprendizaje y nacimientos, de encuentros eternos con
Dios y con el amor que vibra en nosotros.
Así sea y así es.
Hola Perla!!! Q hermoso lo q decís!!! Y cuánto cuánto es mí historia también ... Gracias por compartirlo me sentí tan identificada... Abrazos
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