Creo que tengo miedo…
Creo que tengo
miedo…
De que, con
la excusa del camino espiritual, del camino hacia adentro, del autoencuentro y
el autoconocimiento, me vuelva una persona insensible al otro, a los otros.
Reconozco que
cuando yo mejore, el mundo también va a mejorar. Que cuando yo despierte, el mundo
también va a despertar, al menos mi mundo.
¿Y los
otros? ¿Los que aún ni siquiera saben que pueden despertar? ¿Y si todos nos
metemos para adentro y nos volvemos insensibles al sufrimiento humano y de la
tierra? ¿Y si todos a la vez nos miramos para adentro y dejamos de mirar para
afuera?
¿Podemos recorrer
este camino con hambre de la panza, de justicia, de educación, de salud? ¿No estarán
los que luchan más despiertos que yo? Porque para luchar, necesitás mirar para
afuera, sentir la pena y el dolor del otro, empatizar con su sufrimiento. Jesús
fue un luchador de las grandes causas, de la causa de la libertad y la
justicia, del amor. Así al menos es para mí. No tuvo hambre aunque dio de
comer, no tuvo sed aunque calmó las necesidades de otros. Y eso, para mi, es
una lucha. Interna también, pero externa en muchos sentidos.
¿Podemos recorrer
un camino de amor y paz siendo indiferentes al sufrimiento ajeno, conformándonos
(o justificándonos) con el “todo es perfecto”?
¿Eso, en el
fondo (o en el frente) no es “por algo será”?
Mirando-me
encuentro a Dios y me siento parte de todos, pero, la verdad, yo tengo la panza
llena, educación universitaria completa, trabajo, casa, auto…pero….soy parte de
todos y todos son parte mía, pero yo no tengo su hambre..
No sé,
tengo miedo…tengo miedo de que esta sea una excusa más para alejarme de mi
misma, de mis hermanos y de Dios.
Tengo miedo
de que este odio instalado sea también parte de eso, del “por algo será”, “cada
uno tiene lo que se merece según su esfuerzo”, palabras que dicen mucho pero no
dicen todo…merecer, esfuerzo, tener, condiciones….son palabras fuertes que
juzgan, sin considerar contextos, amores, familias, aprendizajes, hábitos,
dolores, tristezas, abusos, abandonos, pobrezas o riquezas de todo tipo.
Tengo miedo….
De que no
me importe, de que en algún momento yo esté tan bien habiendo estado tan mal
que piense que cualquiera puede estar bien, que es sólo cuestión de quererlo.
Tengo miedo…
No de
aquellos a los que no les importan los demás ni ellos mismos, tengo miedo de
mí, por mi alma, por mi corazón. Pero este miedo es porque tengo trabajo, si no
lo tuviera seguramente mi miedo sería diferente.
Tengo miedo
de volverme una persona egoísta, individualista y engreída sin amor por el
otro, olvidando quien fui y lo que me costó dejar de serlo, suponiendo que
todos pueden hacer lo mismo y resignarme a eso.
No quiero
eso para mi alma, no quiero eso para mí. Tengo miedo del futuro, como otras
veces lo tuve, pero el futuro es ayer, es hoy, es mañana.
Tengo miedo
de que, este aprendizaje que se viene, sea demasiado doloroso y agradezco a Dios
porque me encuentra bien parada en casi todos los aspectos que puedo reconocer,
al menos. Y le pido al mismo Dios que nos ilumine a todos hermanados, juntos,
que no dejemos de mirar al otro y de ayudarnos a calmar nuestra sed. Y si esta
es la manera en la que podemos empezar a reconocernos como hermanos sin odio y
sin juicios, que sea de la manera más amorosa posible.
Pidamos todos
juntos, sin importar qué tan lejos o cerca estemos entre nosotros, que Dios nos
acompañe en este camino que se viene, sea cual fuere, y que no dejemos de mirarnos
a los ojos, de reconocernos hermanos y humanos en aprendizaje.
Yo, tengo
miedo de perderme. Y le pido a Dios que me ayude a tener la fuerza necesaria
para encontrarme, si eso me pasa. Que nunca deje de aprender y que nunca deje
de creer.
Que no me
encuentre un día indiferente mirando (o no mirando) al excluido, como si no
fuera también mi responsabilidad y mi lucha.
El camino
de Dios es un camino hacia adentro, pero ahí, adentro, estamos todos, igual que
afuera.
Comentarios
Publicar un comentario