Es bruja

 La observo. Miro sus pétalos de rosas rojas y blancas secándose entre papeles blancos. Me pregunto... ¿para qué las va a usar? ¿Será algún hechizo?

Veo las paredes de su casa repletas de símbolos mágicos, círculos, triángulos, espirales, estrellas…algunos (casi todos) pintados a mano, por ella. Me pregunto ¿qué significan? ¿para qué sirven? ¿Qué secretos guardan?

En su mesa 30 frascos con todo tipo de yuyos y perfumes, lavanda, muérdago, ruda…¿Qué hace con ellos?

Velas de todos los colores, máscaras, fajas, maracas, flores, piedras…tambores…¿los usa?

Un poco de miedo me da todo eso….Un altar pintado de rojo y lleno de símbolos y dibujos, de piedras, rosarios.

Un reloj de pared dibujado a mano, representando a la tierra envuelta en un manto de amor femenino, profundo y compasivo.

Miles de sahumerios y carbones, sahumadores. Más flores sobre la mesa, colonias, perfumes….

¿Qué hace? Me intriga y entonces me quedo. Quiero ver.

Algunos carteles con nombres en otro idioma y otros en el mío. Me atraen, quiero leerlos. Algunos me dicen nombres hermosos y otros, palabras que suenan a canciones, brillan.

Colores por todos lados, en cada rincón hay colores y música. Veo centellear el aire, me atraen esas luces que titilan por todos lados, no llego a verlas a todas pero muchas explotan en mi cara, cerca de mi cuerpo. Siento una corriente eléctrica que entumece mis piernas y las manos me empiezan a temblar.

Calma. Respiro y se enciende mi alma. Me expando y atravieso un portal. Me da miedo, mejor me agarro fuerte del sillón. Pero una voz dulce me invita a seguir. Sigo.

Ella, la bruja, se sienta frente a mi y me habla en otros idiomas. No los entiendo pero sé lo que me dice. Caigo en sus cantos y me entrego. Está adentro mío, en algún lado que no conozco. Pero la siento.

Ruido de tambores y cantos de tribus, muchos a mi alrededor danzan enérgicos, caballos y alas por todos lados. Mi cuerpo vibra al ritmo de esos tambores, danza una danza sin ritmo, se deja llevar por los sonidos de la selva y el calor del fuego que emana de esa enorme hoguera en el centro. Estoy quieto, flotando entre madreselvas y álamos, allá arriba pero también acá abajo. Me veo entregado, plácido, inmóvil. Pero no lo estoy.

Ella, adentro mío, me encuentra. Sí, a mí. Yo estaba perdido no sé adónde, pero ella me encuentra y me trae de vuelta. Me invita con su compasión a salir, me dice que no me va a dejar, que vaya. No quiero ir…es doloroso…insiste y me abraza y los cantos se vuelven más fuertes, más frenéticos, gritan mi nombre y el nombre de Dios en varias lenguas. Lo escucho y me lleno de emoción por volver a encontrarlo, a encontrarme.

Ella, la bruja, me dice que estuve perdido un tiempo, me dice mi nombre y lo escucho resonar en cada vacío de mi cuerpo. Lo reconozco y empieza a gustarme. De a poco me recuerdo.

Sí, soy yo. Me siento, me abrazo, me lloro. Ella me abraza sin cuerpo, me envuelve y me inunda.  No quiero mirarla, de sus ojos salen rayos y luces de colores que me atraviesan como si fuera yo sólo aire. Ella me habla una canción antigua, suave.

Ella, la bruja, me arranca de adentro mío y me sienta frente a mí. ¡Ay! Un grito que sale de la boca del estómago retumba y sacude todas las flores y las piedras, que vuelven rápidamente a su lugar.

No quiero verme, me resisto… pero abro los ojos y ahí estoy yo, en frente mío, mirándome sonriente. Y en mis ojos me veo a mí, la veo a ella, veo a Dios. Ella se corre y me deja sólo con él.

¡¡¡Ay!!! Otro grito que sale de mi vientre sacude las flores y las piedras, y de repente hay más perfume, más colores, más brillo, más luz.

El está frente a mi pero también soy yo. Lloro y lloro con lágrimas eternas y perfectas que empujan hacia afuera el resto de mí que todavía está atrapado en algún lugar. Y salgo.

¡Es hermoso! Me meto adentro suyo y él adentro mío. ¡Quisiera poder contarte lo que siento! Entré en él como una gota en el océano y ahora me siento océano, soy todo, soy nada también.

Los tambores se silencian y el fuego se consume, los cantos se van apagando y dejo de flotar. Ya no duele, ya no tengo miedo. Ya no tengo nada de nada. Una paz desconocida me invade los espacios que ya no están vacíos.

Quiero quedarme así para siempre, flotando en su interior y con él adentro mío…

¿Puedo? Le pregunto, y la única respuesta que obtengo es una imagen perfecta del océano tranquilo, lleno de gotas como yo. Entiendo.

Abro los ojos y me descubro acostado en el sillón, no puedo hablar pero tampoco quiero decir nada. Ella está todavía sentada frente a mí, tranquila, apacible, con su pañuelo rojo en la cabeza y su mirada tranquila. Me ofrece agua y pañuelos, me da la bienvenida y me agradece.

¡Me agradece!

Hoy todavía trato de entender lo que pasó, no sé si alguna vez lo voy a hacer, pero ya no te veo separado de mi, te veo como esa gota que desea volver al océano igual que lo deseaba sin yo saberlo. Pero no te lo digo, no hace falta. Un día lo vas a saber vos. Ojalá ese día te encuentres con una bruja y ella te llene de sonidos y perfumes, te devuelva a casa y puedas verme también a mí.

Cuando llegues, buscame. Y si cuando llegás no estoy, por favor, avisame.

Porque quizás pueda volver a perderme.

 

 

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