flores y veneno
No me lo digas, déjame que lo sienta. No quiero tener ahora una respuesta, ¿para qué? Si me lo decís, lo cerrás y yo quiero que esté abierto.
No me cuentes cómo sigue, ni por qué, ni para
qué. Solo quiero un poco de claridad nomás, algo que me permita seguir
preguntándome.
No me digas cómo soy, ni a qué vine, ni adonde
voy…¿para qué? Si me lo decís, me cerrás los caminos, no veo las puertas, no me
discuto, no me reconozco, me pierdo en mi laberinto de certezas.
No me digas quien sos, ni por qué sos, ni para
qué viniste, ¿para qué? Si me lo decís, dejo de mirarte, se cierra detrás de ti
la puerta y ya nada queda, más que el vos que me contás.
No me digas nada, por favor, déjame que lo
sienta, que seguro sintiendo entiendo más. No quiero saber adonde fui, con
quien estaba, si puedo volver. ¿para qué? Si me lo decís, me dejas con muchas
dudas, más de las que ahora mismo tengo.
No quiero saber qué significan las palabras, no
quiero saber qué significan las miradas, no quiero saber qué pensás ni tampoco
quiero saber qué pienso. No quiero pensar, ¿para qué? Cada vez que entra un
pensamiento sale una emoción…déjame sentir…
Allá, cuando voy no sé adonde ni con quien, ni
por qué ni para qué, no pienso. Eso es lo único que sé. Y vos tampoco lo sabés,
aunque vas conmigo. Y cuando volvemos, nos volvemos a mirar pero otra vez no
nos conocemos…¿para qué? Es mejor así, otra vez desnudos y en blanco.
En blanco, así quiero ser. Lo único que quiero
que esté escrito en ese papel es que esta prohibido escribir. Y aunque escriba,
quiero que se borre. Porque a veces escribo, y a veces vos también escribís. Y a
veces lo leo y salen clavos de la hoja y me perforan el alma. A veces también
salen perfumes amorosos que se acomodan suavemente en mi corazón.
¡Qué trampas me ponés! Sabés que me gustan los
jazmines y llenás la hoja de pétalos, y yo, me resisto a borrarlas. Te confieso
que tengo un lugar en el que las guardo para cuando las necesito, solo las
flores. Pero aunque no quiera, también guardo los clavos y los alfileres. Muchas
veces vienen esas flores hermosas y con su perfume sacan algún que otro clavo,
y curan la herida, las llenan de perfume y completan los espacios.
Por eso no quiero saber quien sos, ¿para qué? Si
queres, regalame todas las flores del universo, todos los poemas que
encuentres, todas las palabras suaves que escuches. Tráeme un par de estrellas
y ponelas a brillar sobre mi cabeza y adentro de mi corazón. Déjame sola para
que pueda renovarme, pero acompañame para que pueda surgir de la tierra de
nuevo. Florecer y germinar, no al revés, por favor.
No es que no quiera escribir o no sepa qué
poner, es que no quiero. Yo sé que vos lo entendés, porque vos también guardás
pétalos y espinas, aunque no sé si lo sabés. Y no quiero saberlo…¿para qué? Son
tus propios pétalos y tus propias flores, son tus espinas y tus alfileres,
hacés con ellos lo que podés, igual que yo.
Quisiera que nos encontremos frente a frente
allá, adonde no hay aguijones, adonde se sueltan todos los venenos y desaparecen,
adonde no tenemos que esquivar ninguna flecha y el viento y el miedo nos
sostienen firmes y erguidos, enteros. Para mirarnos por dentro, para sentirnos
en blanco. No para escribir ni para leer, sino para saber quienes somos. Porque
somos. Y no somos eso que escribimos, eso
lo sé. Creo que es lo único que quiero saber, que no sé quienes somos.
Y si te estás preguntando quien sos vos,
tampoco lo sé. No sé quien sos, aunque te conozco de acá y de allá. Y si me
preguntás cómo lo sé, tampoco tengo respuesta para eso. Creo que nos conocimos
cuando no nos conocíamos, o quizás todavía no nos conocemos, estas cuestiones
del tiempo sin tiempo que no entiendo, por suerte.
¿Qué haría si tuviera todas esas respuestas que
una vez busqué? ¿Sería más sabia? ¿Iría por la vida contándole a todos todas
las respuestas? ¿Cerrando todas las puertas y bloqueando todos los caminos? ¿Corriendo
las piedras y escondiendo los soles?
A veces, trato de escribir poemas en tus hojas,
para cuando los necesites. Pero hasta ahí llego. Porque a veces también escribo
venenos, intento borrarlos cuando me doy cuenta, pero el veneno, una vez que
entra a la sangre, se queda.
Demasiados alfileres ya nos clavé sin darme
cuenta, a vos. Seas quien seas. A mí, sea quien sea. Y a todos esos alfileres
los pensé yo misma, los dibujé y los soplé, y así fueron vivos. Basta de eso.
De a poco voy borrando mis páginas, renglón por
renglón, con tu ayuda. Así, un día van a estar en blanco para no ser escritas
nunca más. Los peores renglones los escribí yo, ahora lo veo. Y por eso también
sé que tus renglones tenés que borrarlos vos, yo no puedo.
Aunque yo puedo sostenerte hasta que florezcas
y después germines, si vos querés.
No desconfíes de mi silencio ni te dejes
engañar por mis palabras, si cerramos los ojos nos vemos mejor, si cerramos los
oídos escuchamos más. Y así, con los sentidos apagados nos reconocemos mejor. En
eso confío. En ese que siento cuando tengo todo apagado. No confíes en mi, en
estas palabras.
Apágate así te encendés, y ahí vas a sentir
quienes somos, y vas a saber que florecer antes de germinar es posible.
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