La experiencia

 La experiencia

A veces, no sé cómo interpretar ciertas cosas. Todo tiene siempre varias interpretaciones y casi nunca puedo quedarme con una o dos. Aunque sé que no es necesario entender todo (o casi nada), quiero saber qué tenía que aprender, al menos. No dejar pasar las situaciones como si nada, mirarlas y aprender de ellas. Pero la mayoría de las veces es tan confuso…

La duda.

A veces veo las cosas tan claramente que parecen reales, actuales, presentes. Pero sólo yo las veo y al resto del mundo no les interesa. Y es entendible, porque el resto del mundo vive sus propias realidades. Y aunque intente explicarles, no es su asunto y no escuchan. No pueden ver mi realidad, mi versión. Sólo algunos tienen interés. Me pasa al revés también, cuando alguien me cuenta su realidad, a veces tampoco escucho, porque en mi mente pasa la mía. Comparo, evalúo, juzgo.

Tengo mucho que aprender. El ego es terrible y suele esconderse atrás de juicios, dolores, enojos, dudas, miedos. Al menos el mío.

Dudo de mí muchas veces. Antes de iniciar una terapia con alguna persona, siempre dudo, pienso si seré capaz, si sabré qué hacer, si no estaré actuando, si se dará cuenta…..

Si estoy inventando todo….

Lo pienso. Eso no es humildad, es miedo puro.

Cuando empiezo la terapia, invoco a mis guías y preparo mi alma, y es entonces que toda la magia sucede. Ellos vienen amorosamente y hacen todo lo que es necesario para nuestras almas. A veces es una canalización de la abuela amorosa, que viene a traer olor a pan y delantal, a veces es el hijo no nacido que viene a agradecer y a decir que esa fue su elección, a veces es una hermana amorosa que se fue joven que viene a mostrar que está siempre presente. A veces es sólo un tratamiento súper amoroso y simple, como cantar una canción de la infancia frente al espejo, repetir tu nombre mientras regás las plantas, ponerte una corona de flores y salir al mercado. Es usar cierto perfume, o poner un amuleto debajo de la cama. A veces es plantar una planta en una maceta y enterrar una piedra, es ir al cementerio. También puede ser jugar con un juguete guardado hace décadas, o leer el libro de poemas que escribiste a los 15 años. Usar la bola de pokemon para guardar tu esencia en tu corazón y usarla cada vez que sentís que te estás perdiendo.

Es sentarse frente al altar a llorar mientras lees una carta escrita para vos, es visitar a tu mamá y pedirle que te prepare esa sopa. O llevar a tu papá de paseo y escuchar todo lo que tiene que contarte.

O sólo dejarte llorar mirando una película. O mirar mil películas de risa hasta que te duela la cara.

Esas son las cosas simples que los guías nos mandan a hacer. Y yo, en el medio, soy una de las tantas personas que las escucha y las transmite. Lo que cada uno necesita, según su momento y según su dolor. No es igual para todos ni a todos nos sirve lo mismo. Yo no sé lo que cada uno necesita, pero sí sé cómo saberlo, a quien preguntarle. Y me pregunto si será mi ego el que sabe eso….lo que sí sé, es que recibo mensajes de mis pacientes contándome cómo se disuelven sus miedos, sus angustias, sus tristezas. Y eso me llena de amor y me empodera.

Algunas veces, las terapias se van profundizando y entonces actúo de manera presente, dejando que mis guías actúen a través mío, sanando heridas viejas o nuevas, dolores, viejos traumas, despedidas no vividas, cortando lazos energéticos o pactos.

Y en el medio mi ego.

 

 

 

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