La hormiga en el ojo

 ¡Se me metió una hormiga en el ojo! Y no me deja ver…le dije.

“No te preocupes, es mi especialidad”, me dijo el hombre tranquilamente.

Yo estaba preocupada, porque no sólo no me dejaba ver, sino que yo veía con sus ojos su propio mundo. Su mundo era oscuro y lleno de cuevas, agujeros que formaban laberintos de rocas enormes, ella conocía todos esos pasillos y sabía cómo salir. Y también lo que había afuera, pero yo tenía que esperar a que saliera para verlo. Aunque podía pensar sus pensamientos, no podía ver lo que no estaba mirando. Pude ver a muchas otras hormigas caminando agazapadas todas juntas hacia la salida de la cueva, y cuando me miré, me ví también agazapada, caminando con todas esas patas, rápidamente, moviendo lo que no eran dedos y soplando lo que no era aire. Pude verme un poco y me vi oscura, media roja y media gris, con enormes ojos y algunos pelos duros en la cara. No hablaba con la boca pero sí hablaba, aunque no es lo que yo conozco como hablar. Salimos al afuera y vi un hermoso cielo celeste, con varios soles amarillos y algo como nubes, muy cerca del suelo. Fuera de la cueva, el aire era amarillento, no transparente como el nuestro. Y había otros seres, parecían ángeles, pero no lo eran. Altos y rubios, delgados y luminosos esperaban de pié frente a la cueva. Cuando salí(mos) solo estaban ahí parados, mirándonos, como esperando, su actitud era extraña, nos sentíamos incómodas e intentamos volver, pero éramos tantas empujando que no pudimos.

El asunto era que ella también podía ver lo que yo veía, y yo no veía nada. Porque ella estaba en mi ojo mirando. De repente me di cuenta de que no era la única hormiga que me habitaba, tenía hormigas por todos lados, en los pies, en las piernas, en la espalda, en las manos, en los dedos, en el oído, en la cabeza.

De a una empecé a retirarlas, en realidad fue el especialista que las iba sacando, con mi humilde ayuda. Yo no sabía que las tenía desde hacía mucho, pero mucho tiempo, cuando una vez, mientras dormía, se disfrazó de niño y me invitó a jugar. Y yo, que en ese tiempo no sabía jugar, me entusiasmé y salimos juntos al patio. Y entonces nos fuimos volando en mi sueño, del que nunca más desperté, hasta hoy que la vi.

¡Andá a saber cuántas cosas de mi supo ella! Y cuantas de ella supe yo, ¿no? ¿cuántas cosas habré mirado a través de sus ojos y ella de los mios? Yo, sin saberlo y ella, a propósito.

Supe que había algo mal cuando vinieron al consultorio miles de sus hermanas, ninguna quería irse de mí. Por alguna razón, querían quedarse adentro mío y seguir mirando mi mundo interno y externo. Tuvimos que hacer mucha más fuerza para sacarlas de mi cuerpo, se retorcían y se reubicaban, protestaban, decían que teníamos un contrato, que no podía romperlo así, nada más. Se pusieron firmes y llenaron todo el cuarto de un humo gris y espeso, tan tóxico que el especialista empezó a toser sin poder detenerse. Los ojos se le llenaron de lágrimas intentando expulsar el humo y por la fuerza que tuvo que hacer para esquivar los aguijones.

Tuvimos una pequeña pero enorme lucha cuerpo a cuerpo, ellas contra nosotros junto a todos los que además estaban ahí, que eran más que ellas. Y ganamos, en realidad ellas ya sabían que tenían que salir, por algo el especialista era un especialista.

Fuimos a buscar el contrato y lo rompimos, no fue fácil ya que estaba guardado en un sueño de una niña de dos años. Estaba escrito en una piedra, pero con las herramientas adecuadas, una maza y un cortafierros, lo destrozamos.

Y al fin, todas las hormigas se fueron, no estaban felices por razones obvias, pero nosotros sí. Me gustó ver a través de sus ojos un rato, y quizás, me gustaría volver a verla, pero no así. No sin que yo le de permiso, o sin tener control sobre mí misma. Así no.

Yo sé que ella desde adonde está me escucha, no me importa si le importa, pero yo tomé control de mi cuerpo en cuanto se fueron y cerré la puerta con siete candados. Ya no pueden reclamar nada, estamos bien ahora. Todo está perdonado, todo quedó atrás, aunque yo sé que el pasado no existe, este pasado sí está atrás.

Y el especialista me miró el alma al finalizar, eso fue increíble. Porque yo también le miré el alma. ¡Que hermosa sensación! Un poco de vergüenza sentí, había demasiada luz, no como antes.

Tanta luz deja ver demasiado.

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