Nico...

 

De repente estaba en el piso. Un rato antes estaba recostado bajo el sol, mirando la gente pasar por la vereda. La familia, como siempre, en el patio, en sus cosas. Quise caminar, pero no pude, la mitad de mi cuerpo no me respondía. Me asusté tanto que comencé a gritar todo lo que puede hasta que vinieron a verme. Al rato, de nuevo me pude parar. Pensé que se había terminado, pero no… en el patio del fondo, con mi familia al lado, volví a caer. Mi rostro desencajado debe haberles advertido de mi miedo. Sentí cómo mi cara se transformaba mostrando mi terror. Así fue, que todos corrieron hacia mi y me hablaron. No podía entender demasiado lo que me decían, pero su atención me calmó un poco. No podía moverme, algo en mi alma había absorbido esta enfermedad que no era para mi, pero que es mía ahora.

Me llevaron al médico, varios me estudiaron. No sé bien cómo seguir, sólo sé que quiero poder moverme. Ellos me pusieron una bufanda en la panza y me ayudaron a caminar un poco. No me gusta, pero es mejor que estar en el piso. Me llevaron a pasear varias veces y un día, también me pusieron un carrito con ruedas horrible. Yo siempre había sido el más malo de la cuadra, nadie se acercaba a nuestra puerta. Y ahora, cada vez que me acercaba a otro perro, mi familia me protegía sin dejarme hacer nada. Paseamos casi todos los días, sé que era pesado cargarme, pero no me importaba, salíamos juntos a caminar. Me revolqué en todas las zanjas y olfateé toda la basura que pude. Me encantó compartirlo con ellos, yo siempre salía solo a pasear y siento que esos días me conocieron más que lo que nunca habían hecho.

Pero me cansé, me cansé del carro, de los paseos, de la comida, de los pañales, del piso. Y lentamente me fui dando cuenta de que mi alma ya no quería estar acá. Mi familia no entendió al principio, insistían con tratamientos y cuidados que no quería.

Yo ya estaba preparado, pero no sabía cómo decírselos, creo que ellos no lo estaban. Pasaron algunos días, sólo intentaba estar lo más cerca posible de ellos, ponía mi cara en sus piernas y me dejaba acariciar. Podía quedarme así por horas…

Algunas veces me quedaba solo y aprovechaba para arrastrarme lo más lejos posible, pero nunca lo suficiente. Estaba atrapado en ese cuerpo inmóvil para siempre.

Siempre….una eternidad para mi. No quise esperar tanto e hice todo lo que pude para que me entendieran. Ella, mi madre humana, lo vió. Supo lo que mi corazón necesitaba. ¡En cuanto lo supo agradecí que al fin abriera su corazón al mío y me escuchara!

Sé que fue difícil para ellos, la noche anterior me despidieron amorosamente, todos vinieron a decirme adiós. Muchos ángeles se presentaron ese día, ella los vió también, en realidad ella les pidió que vengan. No hacía falta, pero lo hizo. Prendió algunas velas y sahumerios que nos acariciaron unas horas, suave y confortable antepuerta de la partida. También hubo música durante horas, una música tranquila y poderosa que me tranquilizaba y a ella.

También vino uno de mis hermanos humanos a acompañarme en la transición, gracias, hermano del alma, te dejé un poquito mío para vos.

Y así, rodeado de ángeles, velas, aromas y envuelto en música, con mi madre y hermano humanos a mi lado, me fui. A mi cuerpo se lo llevaron los médicos, pero yo me quedé. Escuché los pedidos de mi madre humana mientras me elevaba…que vaya tranquilo, que gracias por todo, que perdón por no haber estado….¡ahora entiendo todas esas palabras! “Sobran Madre, y para mostrarte que te estoy escuchando desde acá, te voy a dejar bien acompañada”, le dije.

Y así fue, que un mes mas tarde estaba ella, “la terrible”, en mi lugar.

Aunque a veces escucho tu corazón que me extraña, sé que aprendiste y yo también aprendí.  

Tuvimos que vivir esta muerte para renacer, los dos. Vos más que yo, según dicen por acá. Aunque todos los días te visito, muy pronto nos vamos a volver a abrazar, pero con esos abrazos que, algunas veces, el cuerpo no valora.

 Algo mío quedó en vos y algo tuyo me traje yo. Sé que es así, porque ahora puedo escucharte y recorrer tus venas, en las que yo también vivo un poco.

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