8 de oros - tarot

 Artesano del trabajo prolijo y continuo que laborás sin descanso con la mirada fija en el cincel para que tu golpe sea firme y preciso. Todas las piezas son idénticas y se encuentran organizadamente guardadas y ordenadas, colgadas en el mismo orden, mostrando la misma estrella de cinco puntas con exactamente la misma orientación. ¿Tan importante es para vos el orden extremo? ¿Tan difícil es correr tu mirada concentrada en el cincel para observar la vida que transcurre por fuera del taller?

Sabemos que tu trabajo es importante para vos, que aprendiste todo lo que mostrás con esfuerzo y dedicación, que tu perfeccionismo se parece a una obsesión por los resultados.

Te veo cubierto cuidadosamente con tu delantal negro que protege tu verdadera ropa de los desgastes provocados por la suciedad de la que te querés resguardar. Debajo, tu verdadero yo azul y rojo me hablan de poder y un poco de furia, de emociones controladas pero que intentan escaparse por los pies, también rojos pero cómodamente desalineados.

Tu peinado duro y prolijo, hacia atrás dejando ver bien el rostro, me dicen que te gusta que te vean, aunque tu indiferencia me dice que no prestás atención a eso.

Atrás tuyo está la vida, la gente, lo cotidiano, lo nuevo y lo conocido. Allá, a tu espalda se encuentra lo que existe por fuera de tu taller. Te es indiferente como te somos indiferentes todos, lo único que se encuentra en tu foco es aquello que hacés, con mucha dedicación, por los siglos de los siglos. Una cadena interminable de obras todas iguales, repetidas y perfectas, las terminadas y las aún sin empezar dicen exactamente lo mismo. Somos una más de entre todas. Somos el orgullo del artesano que detiene su tiempo y su vida por mirarnos y tallarnos, una por una, de la misma manera y con la misma matriz.

Absorto en el golpe te inunda el silencio de la distancia infinita entre vos y la vida, en tu cielo amarillento y tu suelo de cemento encontrás soledad y cierto tipo de paz, esa tranquilidad que viene adherida al no ser, al no estar, al no vivir, engañándote de todas las maneras posibles con excusas de no necesitar nada ni a nadie, sólo a tus herramientas.

No te importa la hostilidad del banco duro en el que te sentás incómodamente, no te importa no tener una mesa para que tu espalda no duela tanto, te arreglás con lo poco que encontrás para hacer más fácil el trabajo, solo por no darte cuenta de que pudieras hacerlo más cómodamente si quisieras levantar la mirada. Pero eso te asusta un poco ya que, quizás, verías una vida que no querés ver que existe. No estás entre cuatro paredes pero de todas formas, estás encerrado en una prisión de las más difíciles de abandonar, la que vos construiste.

Si solo levantaras la mirada podrías encontrarte con otras piezas igualmente hermosas, no creadas por vos ni pensadas por tu cincel, ni grabadas con tus manos. Y eso, artesano, te asusta.

 

 

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