Mariposas
Así, sentada como estaba con el Rosario en la mano, sólo sintiendo el fluir del aire y la luz a través suyo, con los ojos bien abiertos apuntando hacia adentro, empezó a deshacerse en mariposas blancas que escapaban de todos lados y se elevaban hacia el cielo atravesando las paredes de su habitación, que de repente desaparecían de su vista.
¿Por qué salen de mí mariposas blancas? Preguntó,
ya que siempre le había pasado que las mariposas y las rosas caían hacia ella. No
tuvo una respuesta inmediata, dejó la pregunta a un costado y se dedicó a
sentir cómo se desarmaba, y notó que no dejaban de salir, que no había una
última.
Al fin, en un trance amoroso y despojado, observando
cómo estas miles y millones de mariposas escapaban de ella, y envolvían su casa
y la de sus vecinos en un vuelo suave y lento, organizado a pesar de no tener
ninguna dirección, entendió.
Allá en el aire, los millones de mariposas
blancas se encontraban con las otras millones de mariposas de todos los colores
que otras ellas iban dejando salir de sí.
¿Para qué son estos millones de mariposas? Preguntó,
pero no obtuvo una respuesta inmediata tampoco. Sólo vió cómo esas hermosas
alas blancas iluminadas por el sol corrían los velos de sombras y las nubes
oscuras que, un momento atrás, cubrían los techos de las casas y las almas de
la gente.
¿Todos estamos expulsando mariposas? Preguntó,
pero tampoco le respondieron. Aunque pudo ver por la ventana del alma sin techo
como había muchos expulsando mariposas, millones emanando rosas, miles de
millones lanzando palabras hermosas al aire, en todas partes de la tierra se
generaba este maravilloso destello de luces de colores y aromas, cubriendo y
sanando las viejas y nuevas heridas provocadas por los mismos que se estaban
desarmando en perfumes y colores. Ellos, todos, habían roto demasiadas piedras
y quemado demasiados bosques, habían sido indiferentes y horribles como todos
los que hoy estaban siendo bañados sin darse cuenta.
Aún había muchos emanando otras cosas, pero las
mariposas blancas, las rosas y las palabras hermosas tienen mucha más fuerza,
más luz, mas aroma y más poder.
Es cuestión de tiempo, le dijeron. Le susurraron
al oído suavemente algunas palabras cariñosas, le dijeron que siga bañando de
luz y de colores al mundo, que no se trata de que los demás lo vean, se trata
de correr los velos ocultos y descubrir los secretos más profundos, aquellos
que guardan las montañas y los soles, para que podamos encontrarnos con
nosotros mismos y elevarnos hacia otros universos, en los que realmente vamos a
volver a vernos, también a nosotros mismos.
Soltó el Rosario que una vez había hecho y
volvió a su habitación. Cada vez que lo agarraba entre sus manos sentía la
misma sensación de estar acompañada y una voz amorosa y dulce que le susurraba
al oído. Era una voz lenta, profunda, suave. Le hablaba con cuidado y despacio.
“Todo va a estar bien”, le dijo.
“Todo es perfecto”, la voz susurraba, “si no
hubiera nubes no habría necesidad de mariposas”.
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