El portal
Sin querer y sin darse cuenta, la música la transportó a otro mundo, un mundo del que nunca había escuchado ni había visto.
Se acercaba caminando suavemente a la entrada
de un templo cuya puerta principal estaba adornada con un elefante de costado completamente
tallado con dibujos que no llegaba a distinguir, con su trompa apuntaba hacia
la izquierda. El cielo era azul y una brisa cálida movía las ramas de los abundantes
árboles del sendero.
Adentro había luz, las paredes de piedra blanca
rugosa se dejaban acariciar por sus manos, estaban tibias y frías a la vez. Ella
no se sentía sorprendida ni asustada, era un camino conocido. Quiso saber
cuánto podía recordar de este nuevo viaje hacia otra vida, otra dimensión. No se
sentía humana del todo, miró su cuerpo y tenía manos y pies, eran manos como
las de ahora pero mucho más blancas, suaves y jóvenes. Pero sin edad. Vió que
llevaba una especie de vestido también blanco, largo, y un cinturón le abrazaba
la cintura.
Al final del pasillo encontró varias puertas y sin
dudarlo atravesó la que se encontraba a su izquierda. Comenzó a descender por
una escalera también de piedra y notó que detrás de ella venían muchos, tampoco
eran del todo humanos, como ella. En sus cabezas había máscaras que parecían
egipcias, pensó. Se acomodaron todos alrededor de la habitación rodeando el
centro que estaba ocupado con una especie de artefacto sosteniendo algo no muy
grande ni muy pequeño. Ella se sentó en un sillón alto con respaldar elevado que
se encontraba sobre unos escalones que la dejaban por encima del piso. Frente a
ella, el artefacto comenzó a irradiar la luz mas blanca, radiante, luminosa que
nunca hubiera visto. Esta esfera de luz creció hasta tener aproximadamente 20
cm de diámetro, pero no tenía bordes claros por lo que podía ser más grande.
Estiró sus brazos sabiendo que de esa manera la
esfera se activaba. Por alguna razón supo que ella debía entrar en la luz y
también supo que era la elegida para esa tarea. Sintió que durante varios
siglos y desde la eternidad hacía ese trabajo. Supo que este portal que se
abría frente a ella la llevaría a otros mundos, otras dimensiones, a otros
planetas. Del otro lado estaba la verdad, el conocimiento, todo lo necesario
para esta vida en este plano. Comenzó a acercar las manos con la tranquilidad
de quien sabe, pero en su mente humana se presentó una duda…¿Qué pasa si entro?
Tuvo miedo de no saber, tuvo miedo de conocer. Retiró las manos y sin decir
ninguna palabra le preguntó a los que allí estaban si tenía que hacerlo. Nadie le
contestó, porque la respuesta siempre existe antes que la pregunta.
La música se detuvo y con mucho esfuerzo abrió
sus ojos humanos para encontrarse nuevamente en el momento presente. ¡Qué viaje!
Pensó…
Se dio cuenta más tarde de que esa experiencia
no dejaba su mente, que las sensaciones la invadían a lo largo de los días y
quería saber más…¿Puedo entrar? ¿puedo volver si entro?
Se daba cuenta de que no tenía dudas sobre lo
que iba a pasar si entraba, ella sabía.
Pero volver…¿adónde? ¿a cuándo? ¿sería ella
misma o sería otra?
Sabía que era una decisión trascendente, de
esas que lo pueden cambiar todo.
¿Lo haría? ¿lo habrá hecho?

Comentarios
Publicar un comentario