Ojalá…


A veces te veo…y a veces vos también me ves.

No nos pasa muy seguido, la verdad, nos pasa a veces.

Creo que siempre fue así, pero es un siempre casi nunca.

¿Qué veo cuando te veo? ¿Qué ves cuando me ves?

No lo sé…siempre es distinto, depende del estado de ánimo supongo, de las horas de sueño, del clima, de a época del año, del hambre, de la hora…

A veces veo un niño asustado, a veces un hombre poderoso, a veces indiferente, a veces atento, a veces compañero y otras veces ausente. A veces un extraño, a veces un presente. A veces completo y otras veces vacío. Casi siempre caprichoso, a veces irritante e irritable, demasiado literal para un bohemio, demasiado pesado para un artista.

Un romántico que se acomoda a mi realidad de tierra firme, un artista que libera sus pasiones discretamente, esporádicamente. Demasiado preocupado por nada y demasiado ocupado de todo, menos de él.

Cuando puedo verte por dentro es más lindo, hay bordes mas suaves, no tan espinosos ni abruptos, hay más valles sembrados de flores y mas aire respirable, vivo, caliente. Hay serpientes de colores y medias de lana abrigadas, hay guantes de seda y sombreros de todos los aromas y texturas. Hay valijas y maletas llenas a veces, y vacías casi siempre. No hay tantos boletos con fechas ni tantos relojes, hay caricias distribuidas sin control y risas de esas que sacuden las montañas y crean ríos.

Hay danzas sin ritmo y música fuerte, pero armónica. Con muchos micrófonos y público que aplaude de pie sin cesar, entusiasmado, regocijándose frente a tanta dulzura. También hay una calesita (al menos una) y te encanta ganarte las vueltas para estirar los brazos hacia afuera con la cara brillando bajo el sol y el aire deformando la boca que se ríe a carcajadas mientras con los brazos saludas al mundo que se encuentra observando cada movimiento errático de tu alma.

A veces, también veo al niño agazapado en un rincón, pero cada vez lo veo menos. Ese niño ya está fuerte y de pie, cada vez más parecido al adulto que se asoma cada vez mas seguido por acá. Los veo a ambos intercalándose para respirar un rato cada uno, pero sin darse cuenta, empiezan a fusionarse y a armarse algo intermedio, algo mucho más completo y simple.

Veo como irradia tu interior hacia lo externo, cada vez más claro y cada vez más tormentoso. Porque la tormenta es incómoda, la lluvia moja, el viento sacude, y el sol quiere asomarse por todos los orificios posibles.

Ojalá un día puedas dejar salir toda la música de tu adentro, ojalá un día repartas esas caricias y pongas tu sonrisa a secarse al sol junto con tus lágrimas. Ojalá un día sientas en tu piel el aplauso sincero de todos los que te admiran y respetan, y te aman. Como yo, que aunque no lo veas muy seguido, te aplaudo y te admiro.

Solo que, a veces, me quedo en la cáscara y me olvido de mirar.

Ojalá ese día, el día en el que explotes y te liberes, y te hagas uno con vos mismo y sueltes las telas de arañas viejas y anticuadas, averiadas e inservibles, pueda estar yo en primera fila mirándote con los ojos de amor que tanto me cuesta, a mí también, dejar salir.

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