Latidos

 



Me busco.

Me encuentro en todos lados. Adentro, afuera, alrededor, en cada órgano, en cada vacío, en cada gota de sangre. Ahí estoy, a veces chiquita, a veces enorme, a veces feliz, otras veces triste, desorientada, sin entender ¿qué es esto que me habita?

¿A dónde estaba todo este tiempo? ¿Cuándo me callé? ¿Cuándo me anulé? ¿Cuándo me cerré? y ahora… ¿Por qué hablo? ¿Por qué me abrí? ¿Qué puede entrar por ahí? ¿Qué puede salir? ¿Qué puede habitarme sin que yo lo permita?

En el cuerpo, en todo el cuerpo, siento vibrar un deseo que había olvidado, un impulso que se había apagado.

Mi corazón late fuerte, ansioso, apurado, pareciera que está por estallar en mil pedazos, en miles de flores, en kilómetros de aromas, me late incluso en la cabeza llenándome de pensamientos de esos que hace tanto tiempo no tenía, vibrando incluso en los brazos, en las piernas, en cada órgano. Siento latir el corazón afuera también, en el aire, en los muebles. Todo mi cuerpo vibra, desde las uñas de los pies hasta los pelos de la cabeza. Quiero estirarme. Respiro profundo y suelto el aire con un suspiro lento, muy lento.

Los hombros bajan y caen al piso y la respiración que estaba contenida se libera y ahí el fuego sube despacio, entra por mis pies y empieza a quemarme.

Ardo, me incendio por dentro, soy de brasas rojas sin humo, sin olor, pero llena de perfumes.

Ah… se expande el fuego rojo y naranja quemando lo viejo. Incendia mi cuerpo que arde furioso queriendo escapar de mí.

Y no me encuentro, pero estoy en todos lados saliendo de a poco al mundo. Por los poros, por la saliva, por la boca.

Es incómodo.

Es raro. Suspiro y caigo y me entrego a este temblor, a este latido de todo mi cuerpo que no recuerda quién es.

Me ocupé de mí y me olvidé de mí, me salvé, me levanté y me amé.

Construí un amor profundo que guardo como un diamante, como un tesoro, porque es sagrado y ahora ese amor me invade y quieres salir de cualquier manera, a cualquier costo.

Lo retengo, no me animo, me da miedo. ¿A dónde va? ¿Para qué? ¡Que se quede ahí!

No hace falta buscar nada, ya tengo todo.

¡Pero no! Quiere salir igual, quiere explotar, quiere sentir, quiere saber.

Busca un lugar en donde vivir, en donde anidar. Un lugar de verdad, un lugar de presencia, real

No quiere más escaparse, pero tampoco puede quedarse. No es fácil, no sabe qué hacer

¿Y si no encuentra un nido? ¿Y si vuelve a caer al vacío? ¿Y si vuelve a perderse?

Yo le digo, que ya sabe el camino, que siempre puede volver, que yo me sostengo, que yo no me voy a ir, que me voy a quedar.

Pero no me escucha. Creo que tiene ganas de perderse.

Este corazón que vuelve a vivir quiere recorrer otros caminos, quiere entrar en otros lagos, quiere calentarse con otros soles.

Y yo le digo que no, que no hace falta, que estamos bien, que así es mejor.

Suspiro y no puedo dejar de latir. El cuerpo habla, mi cuerpo exige, no quiere ya más quietud de muerte, de encierro, de miedo.

No quiere ya estar más detenido ni perdido, quiere latir.

Y vos… ¿me vas a soltar?

Y yo… ¿me voy a soltar?

¿Y qué pasa si nos soltamos?

Nada, sólo caigo otra vez adentro mío, pero ahora con vida.

 

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