Mensaje para el hombre
Hay un espacio sagrado que habita dentro mío, guarda el entusiasmo, la inocencia, la esperanza, la paz, el abrazo que cura, la sonrisa que sana, la fe y la confianza.
Que no está vacío
pero que espera llenarse, tiene lugar suficiente para ambos.
No es un lugar
cualquiera, en él habitan sueños, seres mágicos, ancestros, dioses, brujas, jazmines,
cactus, rosas, libros, palabras y silencios.
Hay una única
puerta de entrada y muchas salidas. Hay ventanas, hay sol, algunas lunas, mucho
tiempo, océanos y montañas.
El camino hacia este
lugar es difícil, está lleno de recuerdos y memorias que toman forma de
monstruos implacables, de serpientes venenosas, de pozos en forma de vórtices
devoradores de almas.
Está rodeado de
alambres de púa y es muy difícil encontrar la única puerta. Y, aunque la
encuentres, necesitas la llave.
Si las encontrás
apurate, porque cambian de forma con cada pensamiento. Custodian este espacio sagrado
mis miedos, que a veces se camuflan con las flores que habitan el paisaje.
Ponete la
armadura, pero no podés entrar con ella. Hay un detector de máscaras muy
eficiente que sólo permite el ingreso de verdad, de personas reales, de ojos
profundos, y almas sinceras, de palabras armónicas y silencios vivos.
Desde donde vos
estás hasta este espacio sagrado hay un laberinto. Todos los caminos excepto uno
te devuelven hacia afuera, hacia la nada, al olvido.
Y ese único
camino te lleva hacia la única puerta y te muestra la única llave. Pero apúrate
porque el laberinto también cambia y se transforma en un camino en espiral que
te expulsa con fuerza de vuelta al vacío del que venís.
Se necesita
coraje, amor, tenacidad, paciencia y mucha creatividad, porque no podés llegar
con las manos vacías ni cansado.
Vos me preguntas ¿qué
gano yo con esto?
Nada, te respondo.
Todo, te digo.
Solo una promesa
sin tiempo, sin apuro, sin adornos.
Una presencia
completa, real, honesta y libre. Una caricia del alma, un aliento vivo y no más
laberintos, no más dragones ni fuego destructor. Un espacio de reposo con
música de la tierra, habitado por seres complejos que casi nunca saben quienes
son y que eligen ir siendo.
Un océano de agua
dulce y salada, con olas pequeñas y a veces grandes tsunamis. El cielo y mi
infierno.
¿Te animas?
No prometo
esperarte, pero te juro que estoy acá y acá me voy a quedar hasta que abras la
puerta y al fin pueda ver tu rostro.

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