Fluir

 Hace un tiempo me preguntaba ¿qué es dejar fluir? ¿cómo se hace? 

Si me encontraba en una situación incómoda, ¿tenía que quedarme? ¿O tenía que irme? …y así, me quedé muchas veces y otras veces me fui con culpa.

Descubrí que dejar fluir es soltar el control, pero no solamente de las situaciones, sino, y por sobre todo, de la mente….que piensa todo el tiempo, saca conclusiones, evalúa, juzga, calcula. 

Y escucharla, a ver qué nos quiere decir….

Nuestra mente a veces es la víctima, otras la protagonista, calcula los beneficios o perjuicios, intenta que otros comprendan, (se) explica y justifica, se llena de deberías, podrías, tendrías… controla en qué creemos, quienes somos y cómo tenemos o queremos ser, supone sobre sí misma y sobre otros.

Fluir es no controlar la vida y dejar que nos sorprenda, no controlar los pensamientos, pero sí mirarlos. No tener expectativas, pero sí proyectos…

Aceptando y poniendo amor en eso que pensamos, aunque no nos guste. Integrar.

Dejar fluir es soltar el control sobre los juicios, los tengo y trato de mirarlos, todas las veces que puedo. Pero no se trata de controlarlos o cambiarlos, no creo en eso. Creo que, al mirarlos, al ponerles luz, se desvanecen de a poco. Y eso es todo lo contrario a controlarlos.

Creo que no hay situaciones incómodas, hay situaciones que yo vivo como incómodas….¿Qué es lo que me incomoda? En eso pongo mi atención….

Como una molécula de agua en el río, que se sabe río gracias a las otras moléculas y deja de prestar atención a las demás.

Como una ola en el mar, que se sabe mar, pero también se sabe ola. Y fluye como ola en el mar, y también fluye como ola/mar. Es una con el mar, pero sigue siendo ola.

Cuando soltamos el control, empezamos a estar inmersos en nuestra propia vida, jugando un juego mágico en el que todas las piezas se acomodan solas como si fuera un tetris controlado por alguien que siempre saca el máximo puntaje.

Fluir es mirar con el alma, ser la ola, ser la molécula, ser el río y ser el mar.

Nos deseo fuertemente que dejemos que todo fluya, que podamos ver a las otras olas sin compararnos y sin esperar nada de ellas, ni de nosotros mismos.

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