¿Real?

Se eleva…suave, despacio, sin cuerpo ni memoria…allá va, entre miles que también van. No se ven pero están juntos compartiendo ese espacio sin lugar ni tiempo, lleno de vacío pero completo.

Sube, sube, sube….mira hacia abajo, ahí la tierra azul y luminosa, faro y guardiana de la vida y de la muerte, de los renaceres y transformaciones, amorosa y compasiva, receptora de dolores, de sangre, de lamentos y pesares. De amores y de promesas. Dadora universal de luz y de vida, de fuerza y alimento.

La mira y siente un lamento contenido por millones de años, gratitud y deseo de volver.

No recorre distancias, aunque así lo siente, no se desplaza en el tiempo porque no existe, sube pero está pegado al piso de su habitación, el reloj sigue avanzando pero todo está detenido, apacible y quieto. Pero él, sube, se eleva por encima de las casas, de las personas, de las tormentas que están por nacer, de las estrellas y los soles.

Sin cuerpo y sin dolor, sin miedo, lleno, completo por donde lo mires, con una sonrisa del alma que sabe que está llegando a casa, esa sensación que no existe, la de estar en casa, libre y despojado de todo, de las ataduras del cuerpo y de la mente. Entonces reconoce el aire que no está respirando y la libertad que nunca sintió.

Observa todo con ojos curiosos y completos, todo entra y todo sale, no hay adentro y afuera, no hay él y no él, todo es él mismo esparcido en el todo. El todo está ahí, en su mano, y su mano contiene el todo. Se siente niño pero es un hombre. No piensa en esas cosas, no piensa en nada. Por momentos tiene ganas de tener miedo o de cuestionar lo real de este viaje apasionado, pero en seguida se recuerda que está en el piso de su habitación también. Y se relaja.

Le dicen que se detenga, que ya llegó adonde tenía que llegar, y lo hace. Sale de su esfera dorada por una puerta que acaba de inventar, del otro lado lo están esperando. Sin darse cuenta no iba solo, de repente toma conciencia de la compañía y se siente abrazado, amado, protegido y cuidado. Sabe que es perfecto así, como es. Lleno de dudas.

Sabe que es perfecto por primera vez. No se lo dicen, no hace falta. Ahora lo sabe. ¡qué bien se siente estar en casa!

Lo acompañan hacia la otra puerta, la grande. Algunos lo miran de lejos sonrientes, felices de verlo por esas dimensiones, le dan la bienvenida desde adonde están y sin moverse ni un ¿milímetro, segundo? Lo felicitan, lo abrazan, lo reconocen. ¿Nadie? dice nada, todos los ¿presentes? están ¿quietos? Es difícil de contar esta parte, todos y nadie es lo mismo….todo y nada es lo mismo, presente y ausente, quietos o en movimiento es lo mismo…lugar, espacio no tienen sentido…pero es lo que conocemos y son palabras cercanas (por abismos de distancia) que nos pueden dar una idea muy pero muy incompleta y distante de esta ¿realidad?

Parado frente a la puerta la observa un rato, la toca, sabe lo que hay detrás y un poco de miedo tiene, aunque confiado y tranquilo, está nervioso por lo que va a ver, le da miedo esa verdad, esa versión de su verdad, la que está detrás de la enorme puerta blanca. Sabe que, al verla, él va a cambiar. En realidad, sabe que el recuerdo de lo que esconde la puerta lo va a devolver a su esencia, pero tiene miedo de perderse y dejar de saber todo lo que sabe. ¿Quién es él sino el que él mismo sabe que es? Y así, con miedo y valiente, abre la puerta lentamente…un destello de luces de colores y olores a infinito lo envuelve, frente a él, enorme, sentado inmóvil, expectante, lo espera Dios. Le dice con miles de sensaciones la palabra amor, en todas las lenguas y los idiomas, conocidos y desconocidos, en un abrazo cálido y envolvente lo llena desde adentro hacia afuera, cada rincón de su existencia se encuentra repleta de esa luz y ese aroma, cada instante de su vida pasada, presente y futura reboza de esta sensación de compasión y empieza a llorar desconsoladamente frente tanta presencia. La presencia del infinito sin tiempo y sin espacio, imposible de entender para mí y para él, y para vos. Como un espectador paralizado observo como sus luces se mezclan en una espiral ascendente, se funden y se unen, se transforman e intercambian chispas de colores, estrellas y fuegos ancestrales. Se escucha una música desconocida para mi hasta ese momento, una música que me invita a danzar con los brazos abiertos y levantados, las palmas hacia arriba y la sonrisa perfecta dibujada en un rostro sin rostro, la sonrisa del alma.

Y trato de seguir observando, pero algo me lo impide, caigo en una especie de hipnosis de la que él también se encuentra preso. La mejor de todas las prisiones nos encierra a ambos y nos deja libres, nos libera de la mente y del cuerpo, del tiempo y de nosotros mismos. Abro los ojos y se vuelven a cerrar, pesados e innecesarios objetos de otro tiempo. Mientras, ellos comienzan a separarse, pero yo sigo en éxtasis, intento seguir mirando, pero me siento imposibilitada de separarme y de dejar de escuchar.

Él se acerca nuevamente a la puerta, lo sigo con la mirada perdida, no quiero acompañarlo…pero tengo que ir, para poder contarte lo que sucede después.

No puedo describir de manera precisa su completitud, su entereza, su falta de dolor, su felicidad, sólo podrías entenderlo si lo vieras como yo lo ví. Pero así iba, sencillo, simple, perfecto, caminaba flotando sobre la nada, lleno de todo. Tuve que correr para alcanzarlo, salí de mi estado rápidamente y con paso lento, desde afuera hacia adentro esta vez. Me hicieron señas de que tenía que irme, desconforme, obedecí.

Vuelve a entrar en su esfera y de tan atento que estaba notó la presencia de un ángel luminoso y dorado, sin rostro pero sonriente, que lo miraba tiernamente abrazándolo con sus alas enormes y calientes, recogiendo para sí todo aquello que aún quedaba por recoger.

Agradecido y consciente, esta vez volvió a su habitación y miró la hora. Supo en ese momento que iba a volver, pero también supo que todo eso que había vivido estaba dentro suyo. Prestó atención y vió una galaxia en su vientre, soles de colores en su corazón y estrellas en cada célula. Aire y fuego en su cabeza y agua y tierra en sus venas. Se sintió completo y satisfecho.

Sonó el celular trayéndolo nuevamente al viernes de reunión con sus amigos, entusiasmado atendió y le contó lo que recordaba de lo que creía que había pasado. El amigo del otro lado escuchaba atento, bastante preocupado por la historia que estaba escuchando. A medida que hablaba se daba cuenta de lo inverosímil de la historia, así que empezó a evitar algunos detalles que quizás fueran demasiado increíbles…

El amigo preguntaba si había tomado algo, si no era un sueño, “quizás estaba dormido”, si no será un invento de la mente, quizás lo imaginó todo… algún recuerdo reprimido de alguna película que lo impactó. Las mismas preguntas que él se hacía, y también que yo me estaba haciendo…

Comenzó a dudar…después de todo, nadie más que él (y yo) lo vivió, pero él no sabía que yo estaba…se preguntó si podía ser real algo que solamente él había experimentado, algo que nadie podía comprobar salvo que se subiera a la esfera dorada y atravesara la puerta…

Y sabía también que una vez que estás en la esfera, ya no te importa comprobar nada. Perdió las esperanzas que no tenía de poder convencer al amigo y sonrió. Buscó adentro suyo y encontró tantas galaxias y tantas estrellas que eran reales para él, que no le importó que no fueran reales para otros. Se recorrió con la mente y se sintió libre, no intentó convencerlo, pero sí lo invitó a subir a la esfera, cuando lo deseara.

Y yo, que estuve con él todo el tiempo, también me llené de estrellas y soles, de galaxias y mariposas, de amapolas y montañas, de tierra húmeda y de agua que corre.

¿Fue real? Para mí, sí. Para él, también. Para los demás, no lo sé...

¿Qué puede haber más real que aquello que al sentirlo nos libera y nos devuelve en quienes somos? ¿Qué puede haber más real que las galaxias y los soles en el corazón? ¿Qué es más real que el jardín interno? ¿Qué importancia tiene poder demostrar su existencia si sólo existe para vos? Y eso alcanza. Y eso sobra. Y eso es justo lo que necesitas. La realidad es la que vos creés que es la realidad, la que te transforma, quieras o no.

Yo sólo fui una observadora de la realidad de él, pero también fui transformada, con sólo verlo. ¡¡¡Imagínate él que la transitó!!!

Me pregunto cómo terminar esta historia…¿hace falta? Creo que no… creo que esta historia es de esas que no empiezan ni terminan, que sólo son. ¿La creés? No importa, porque el sólo hecho de haberla escuchado ya te transforma, como a mí.

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