Siete de bastos - Tarot

Con las manos firmes y apretadas sostenés el palo más largo de todos en el aire, mirándome fijo y serio, con un gesto de victoria intermedia, cansada y un poco pesada, llegando al final de un camino que sabés que no termina nunca. Adelante tuyo, los pozos aún sin cubrir sostienen firmes los otros palos más cortos pero todos florecidos que fuiste juntando durante tu vida. Tus pies se apoyan firmes en el borde del horizonte, tus piernas abiertas y desnudas muestran tu humanidad conservada y me dicen que sos fuerte, tu pisada es poderosa y decidida. Tus ropas, verdes y amarillas me cuentan de tu trabajo y tu esfuerzo por llegar adonde ahora estás, valiente y resuelto a colocar el último palo en el suelo, sabiendo que falta aún un último esfuerzo pero que luego, todos juntos o a su tiempo florecerán. Lo sostenés con las manos como para que no se te escape mientras encontrás el lugar para plantarlo.

No te importa que el cielo sea gris atrás tuyo, no ves las tormentas que se fueron o que están por venir, no es lo que en este momento tiene tu atención. Me mirás a mi, mientras yo te veo a vos con el pelo suelto y despeinado, dejando que el viento acomode cada mechón y te separe el cabello justo a la mitad. Tu gesto me indica cansancio y determinación, sostenés tu palo con firmeza y esperanza, y un poco de resignación y melancolía.

¿Qué me decís? Te escucho y escucho miles de voces ancestrales aconsejándome tapar los pozos de los viejos palos, los más chicos, cubrirlos y protegerlos antes de avanzar, para que esas pequeñas pero enormes victorias que hoy se presentan fuertes y seguras se mantengan así, que las tormentas que puedan llegar no los derriben, que permita que el sol los alimente ya que la tierra misma en la cual fueron sembrados no es lo suficientemente fértil como para florecerlos, necesitarán que los riegue y les remueva la tierra cada tanto.

No puedo ver adonde vas a sembrar el último, el que tenés en la mano victorioso y lucís como un triunfo sobre vos mismo, con aire de haber llegado, al fin, a obtener aquello que deseabas, luego de haberte esforzado quizás demasiado. Tu fortaleza descansa sobre ese logro y sobre los otros, mas pequeños pero también enormes, cada uno una victoria en sí mismo.

Puedo verte también desde tu espalda y veo, frente a vos, un cielo completamente azul y un campo verde inmenso, es tu adelante al que le dedicás tu mirada casi perdida. Allá, en el horizonte que se encuentra frente a vos tenés los ojos, un poco lo mirás con anhelo de llegar, un poco con cansancio por el camino que resta.

Me decís: yo pude y yo puedo, sólo me falta afirmar lo que ya está logrado, plantar eso nuevo que ya conseguí y empezar el camino hacia el cielo azul, sabiendo que aún hay que esperar  a que todo florezca y comience a entregarme los frutos de la cosecha. Soy fuerte y acá está la muestra. Sé que falta, pero también sé que valoro mis logros y estoy decidido a continuar.

Me hablás de trabajo y esfuerzo, de aprendizajes costosos y estables, de logros un poco solitarios y plantados a la vista, aunque quizás vos no los ves, ya que tu mirada se asienta allá a lo lejos. Pero ahí están, yo los veo y vos también. Confiá, plantá esa última conquista, ponela en tierra y cubrila, no la dejes tanto tiempo en el aire, no hace falta.

Escucho… si bien parecen distintos, cada uno florecerá y mostrará sus propias flores, en este momento son sólo palos idénticos pero distintos, pero cuando florezcan, cada uno tendrá su propia belleza y sus propios frutos, ninguno mejor que el otro, sino diferentes y especiales, perfectos para cada quien.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Querida abuela

El mensajero

Me miro